martes, julio 25, 2006

Echamos el cierre

Echamos el cierre. Han sido diez meses durante los cuales todos los que hemos tenido que ver con este proyecto de una u otra manera hemos conocido algo más de los entresijos mentales de cada uno. Diez meses donde en mi caso, con mis múltiples pseudónimos, he aprovechado para hacer un repaso de aquellas cuestiones que me parecen más importantes en la vida, las relaciones humanas, el amor, la muerte y cómo no, mis pequeños. Diez meses durante los cuales he retratado, con más o menos fortuna, a todos aquellos que me parecían dignos de retratar. En fin. Cómo muchas cosas en la vida, creo que ahora era el momento de parar. Gracias a todos por haber dedicado vuestros minutos a leer los 350 hiperbreves y siguiendo una moda impulsada por Pinzón, gracias de manera especial y por orden alfabético a A., A., G.,G., I., J., K., L., M., M., P., R. y S.

(Pepe, gracias Ale y hasta siempre a todos)

La colina de los cerezos

Me cansé de encontrarme mi plato de comida ya preparado todos los dìas, asì que decidì salir a buscàrmelo. Y como la llanura a la que llegué era demasiado monòtona, decidì subir a la colina que se veìa hacia el sur. Era verano, y en la cima encontré algunos cerezos llenos de sabrosos frutos. Me comì algunas cerezas, pero recogì otras para hacer mermelada: las hojas no tardaràn en caer, la nieve cubrirà las secas ramas y habrà que esperar a la primavera para que las flores vuelvan a nacer. Pero todo eso quiero verlo. El año pròximo quizàs no sean solo cerezas. También me gustan mucho las ciruelas, los melocotones, las sandìas.

(Pinzòn Azul)

lunes, julio 17, 2006

Extraña mente

Os propongo un juego, un minuto, no sé cual es el intervalo de edades a los que puede afectar. Debéis pensar en una tarde de verano que de pronto se pone gris. Llueve, veis el mar desde la ventana, es de color gris. Las gotas resbalan sobre los cristales y de pronto se os viene una imagen a la cabeza. ¿Son mariposas negras? Si es así o si no lo es pero sabéis de qué os hablo comentarlo a este hiperbreve. Escudriñar en vuestras mentes y averiguar por qué hacemos esa asociación. ¿Acaso por Julia?

(el Kartero)

viernes, julio 14, 2006

Pensamientos Recurrentes

Llegó un día al amanecer, uno de esos días en que no has dormido. Me pilló todo vestido de verde, con esas batas y esas bolsas que te dan. Lo primero que recuerdo es ver su expresión cuando aún tenía sólo medio cuerpo fuera y dando manotazos para salir cómo si no pudiera desaprovechar ni un segundo de la nueva vida en el exterior. Luego me recuerdo fumando y observando cómo el sol despuntaba sobre el océano. En aquel momento pensaba en los años venideros, en estos que han pasado y en los que están por pasar, en la vida con él y en la sensación de que todo lo anterior había servido única y exclusivamente para llegar hasta allí. Hoy no cambiaría ni un ápice de nada y de repetirlo lo haría otra vez, pero no una ni dos, ni tan siquiera mil, lo repetiría hasta la saciedad.

(el Kartero)

miércoles, julio 12, 2006

Retrospectivas

Cabe la posibilidad de que nos pasemos toda la vida buscando sin saber lo que buscamos. Es un riesgo que no nos queda otra opción que admitir, y cuanto antes mejor. También cabe la posibilidad de que un día nos veamos al final de nuestros días echando la vista atrás y analizando, de todo lo encontrado, qué fue lo que más se aproximaba a lo ansiado. Así que igual sería algo bueno mantener una reserva de vida para correr en su búsqueda y terminar los días saboreando, con paciencia, tan prolongada ausencia.

(el Kartero)

lunes, julio 10, 2006

Un Chasquido

Un chasquido, un click o un clack. Un sonido seco al fin y al cabo. Un sonido que de producirse sería tan evidente que ya nada nos haría dudar de que vayamos abocados al abismo. Los que viven rodeados por campos de minas terminan convirtiéndose en prisioneros del azar. Por más que anden y desanden sus pasos siempre queda la posibilidad de un mínimo error, de un titubeo que termine con un pie sobre uno de esos percutores que terminen decidiendo por nosotros. Pisar, sentir el chasquido, activar el detonador, y entonces permanecer inmóvil. La música suena y ya sólo nos queda bailar a su ritmo. Pensar a donde saltar, mirarnos el pie y entregarlo para salvar todo lo demás, dudar el salto, detener el tiempo, sentir el latido del corazón, respirar el aire que se vuelve más denso, cargarse de esperanza y de pronto saltar y ver que no saltamos solos, que el suelo se levanta, que la música cambia, que hay más sonidos, qué no nos sentimos enteros. Luego el silencio, nada duele, y ese maldito pitido que lo invade todo y nos impide recordar el chasquido, en forma de click o de clack.

(el Kartero)

viernes, julio 07, 2006

La cuesta de la Tegala

Hoy debiera haber sido el cumpleaños de Paula. Sus treinta y seis años, edad mágica por otras circunstancias. No sé cuanto tardé después de aquello en dejar de tener miedo a las ambulancias. Lo último que me dijo fue que la siguiera si podía, y lo hice, hasta que una pequeña chinita de asfalto picó mi rueda y me quedé en medio de la nada, en aquella larga carretera que cruzaba Timanfaya, cambiando la goma. Casi media hora más tarde, pedaleando como un loco, bajando la Tegala, en un sitio donde se llegaban a coger casi los noventa kilómetros por hora, metiendo bien el cuerpo entre el manillar, vi todo el escenario. A lo lejos una ambulancia se alejaba dejando un coche volcado en medio de la carretera. A medida que me acercaba empecé a percatarme de que tenía una bicicleta empotrada en el parabrisas. Mi corazón empezó a latir muchísimo más deprisa. Al tiempo que me detenía escuché a un policía decir que era imposible que se hubiera salvado. Lentamente me bajé y me acerqué a él. Moví los labios para intentar preguntarle pero no pude articular palabra. Era su bici la que estaba dentro del coche. El policía, del que luego llegué a ser amigo con el tiempo, por otras circunstancias, me describiría años después la situación cómo algo que le sobrepasó. Dijo que me vio emblanquecer en un instante y que acto seguido me oriné. Paula no sobrevivió al choque. El médico de la ambulancia, que la conocía; cosas de una isla pequeña; estuvo casi veinte minutos intentando negar la evidencia, haciendo cualquier cosa porque su corazón respondiera, pero el brutal impacto había desprendido las arterias de él, arrancado de cuajo cualquier esperanza de vida. –Sígueme si puedes. Si que lo hubiera podido hacer. Siempre lo hacía porque el beso al final lo merecía.

(el Kartero)

jueves, julio 06, 2006

El Cadaver

Venía en el diario esta mañana el caso de un anciano que después de ser hallado muerto en el suelo de su casa fue llevado, su cadáver, a que se le practicara la autopsia a fin de determinar si tenía, mientras vivía, razones para morir. El caso es que el señor había pretendido que su cuerpo, ya cadáver, sirviera a fines científicos. Pues bien, las cosas se han complicado porque al parecer después de la susodicha autopsia el cuerpo no ha quedado todo lo bien que se deseara para el avance científico. Esta es la respuesta oficial. Los mentideros dicen que para aspirar a muerto de laboratorio debes haber sido vivo de pasarela. Llegados a este punto sólo les queda a los familiares, el verano mediante, enterrar a su ser, más o menos querido, y deciden pedir presupuesto a una funeraria, el más económico a ser posible. Los enterradores, gente de bien, no demoran mucho la respuesta pues tratándose de un muerto no hay tiempo que perder y responden que la mejor oferta asciende a unos dos mil quinientos euros, qué por menos de eso no sacan el coche a la calle. La familia, paupérrima, argumenta que no les llegan los recursos y el ayuntamiento, al que acuden y al que de poco le vale ya el voto del cadáver, dice que como mucho puede aportar trescientos euros, que digo yo que para enterrarle al menos la cabeza valdrán que al fin y al cabo lo que afea a un muerto siempre son los ojos cerrados y los oídos atentos.
Así es que el caballero, su cadáver, se encuentra en una nevera esperando que decidan qué hacer con él, con su cadáver. Y digo yo que una nevera tampoco dista mucho de un nicho y al menos aquí tiene luz. ¿O al final se apagaba cuando se cerraba la nevera?

(El Kartero)

Amor en el jardín

El olor a jazmín es un recurso muy socorrido por los poetas. A veces resulta inimaginable una literaria mañana dulce y fresca sin dicho aroma. Pero a qué demonios huele el jazmín. Por qué tantas referencias a él. Supongo que hay que ser poeta para entenderlo. Tener ese punto de tarado que hace que hasta el estiércol, con la necesaria sugestión, huela a flores. ¿Y el azahar? Creo que la próxima vez que visite una gran superficie robaré un libro de botánica. No quiero que el amor toque a mi puerta con besos que sólo sepan a labios y caricias que sólo huelan a piel.

(El Kartero)

miércoles, julio 05, 2006

Los Sueños

Levantarse, salir corriendo y a medio camino encontrarse los sueños, esquivos, altivos, con la seguridad de quienes no pueden ser alcanzados. Y en ese momento, diblarlos, regatearlos, traerlos junto a uno, doblarle las piernas y tirarlos al suelo. Y justo en el mismo instante en que se sientan vencidos, batidos sobre la arena, admitiendo que alguien los ha atrapado y por tanto cumplidos, perdonarles la vida y mostrarles desinterés porque posiblemente el único motivo era saber que era posible.

(el Kartero)

Hablarle al tiempo

Ayer, un compañero de correrías, me mostró una página Web donde se podían escribir emails para enviarlos a la dirección de correo que se quisiera en una fecha determinada. A priori se le viene a la cabeza a uno sorprenderse a si mismo con un correo para que nos llegue a nosotros mismos dentro de treinta años y así tener la oportunidad de escuchar, de alguna manera, a nuestro pasado. Uno piensa inmediatamente si dentro de tantos años seguiremos manteniendo la misma dirección o si esto del ciberespacio no existirá cómo lo conocemos hoy en día. Incluso que el servidor donde se almacenan todos esos textos a la espera de ser enviados sea victima de un cataclismo que lo silencie para siempre. Uno piensa eso pero también piensa en las posibilidades que brinda dicho servicio. A quién le enviaríais un email. Con qué fecha. En qué términos. ¿No me digáis que no parece atractiva la idea? Y si cuando llegue dicho mensaje el remitente lleva muerto dos o tres años. Verdaderamente fascinante. La susodicha página es http://www.futureme.org/ ¿Qué y a quién piensas escribir?

(el Kartero)

martes, julio 04, 2006

Miembros Fantasmas

Había oído hablar del efecto del miembro fantasma. Ese que hace que te piquen los dedos de una inexistente mano o incluso intentes agarrar algo con ella fruto de una macabra broma que nos hace el cerebro. De lo que jamás había tenido noticias era de las casas fantasmas. Anoche me desperté en mi nueva vivienda y sin encender la luz me dirigí cual sonámbulo al baño. Hasta ahí todo normal salvo porque me dirigí hacia el otro lado del pasillo y terminé buscando el inodoro en lo que luego me percaté que era la cocina. No hubiera pasado de una simple anécdota de no ser porque esta mañana, al volver de tomar un café, y distraído en mis pensamientos, me di cuenta de que la llave no abría mi portal y al tiempo que pensaba en lo raro del asunto caí en la conclusión de que yo ya no vivía allí.

(el Kartero)

Sobrevivir a una guerra

Me quedé sorprendido, hace unos días, escuchando las palabras de un excombatiente argentino de la guerra de las Malvinas. Cuando el periodista le preguntó si había matado a alguien y qué se sentía, éste respondió que en todos los combates disparaban sin mirar si se alcanzaba o no a alguien. Eso me hizo recordar las palabras de mi abuelo cuando yo era chico y le preguntaba insistentemente por lo mismo. En su momento me respondió con una frase idéntica. Me di cuenta, ahora, que posiblemente cuando terminan las guerras los muertos se quedan en ellas. También me acordé de otro amigo de mi abuelo al que le había tocado estar en un pelotón de fusilamiento. Contaba que siempre apuntaba a otro lado y que un día sus otros cuatro compañeros hicieron lo mismo y el reo, un cura de Oviedo, se desmayó del susto. A partir de entonces de los cinco fusiles que componían el pelotón, solo dos iban cargados con balas reales, al fin de que nadie supiera quien dispararía la fatídica bala. Aún así el dice que seguía apuntando a otro lado. Cuando la guerra llegaba a su fin lo destinaron a un puesto de administración pues escaseaban los que supieran leer y escribir. Pasó un año transcribiendo las sentencias de muerte. Y eso lo marcó más que errar los tiros.

(el Kartero, Lunes 3 de Julio)

Magia

Mi niño, que no despunta del suelo más de lo que sus seis años le han permitido, habla de la magia como algo que le vendrá con el tiempo, cómo la barba. Siempre que me habla de ello me dice lo que podrá hacer cuando tenga poderes. Son sus sueños, por el momento. Qué seguridad, qué fe, qué grande es ser pequeño y pensar que no hay límites, que sólo es cuestión de edad. Y qué angustia nos produce a nosotros, a los adultos, saber que no hay nada mágico que se pueda hacer cuando las cosas no suceden como nosotros hubiésemos deseado. Yo por el momento no pienso decirle lo contrario. Y para mí, me apaño con mis pequeños trucos que, incluso a veces, obtienen tímidos aplausos.

(el kartero, Domingo 2 de Julio)

viernes, junio 30, 2006

Lo que me vale

Me vales tú. Pero también me vale que te valga todo lo que te vale cuando yo no estoy a tu lado. Me vale y me agrada. Quizá más lo segundo que lo primero. Y viceversa.

(el Kartero)

miércoles, junio 28, 2006

Islotes

Esto es la historia de dos rocas que llevaban media vida contemplando el batir de las olas. Dejando que los cangrejos pulularan, contrariados, sobre ellas. Anteponiéndose a los destinos de los navíos. Dando agarre luego a sus náufragos. Mirándose, la una frente a la otra, viendo pasar el mar entre ambas, esperando la ola que las acercase. Lamentablemente esa ola no llegaba y las que si lo hacían era para desgastarlas poquito a poco hasta que un día, al amanecer, una ya no estaba, y por más que esperó la otra a que bajara la marea nunca volvió a verla. Cuan fácil hubiera sido rodar hasta ella mientras existía. Esta es la historia de esas dos rocas pero bien valdría para contar la de todas las demás.

(el Kartero)

lunes, junio 26, 2006

Mientras aguante la respiración

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(el Kartero)

domingo, junio 25, 2006

Pasaba por alli

El País, 24 de junio de 2006. Edición impresa. En portada: “Una mujer muere apuñalada en pleno centro de Madrid”. Y ahí está la foto, impresionante, de un cuerpo que yace desafiando los límites de la flexibilidad, señal de que ya no hay dolor. Tres brazos, de tres chicas, extendidos, implorando, uno a la policía, los otros dos directamente a la cámara, que no haya fotos.

En los labios de la chica en primer plano, agachada, mirando de frente al objetivo, se lee un NO rotundo dirigido al fotógrafo. Ese gesto, brutal, ingobernable, da el encuadre perfecto a la foto y a la noticia.

A diario vemos cientos de imágenes en las que la sangre es protagonista. Y sin embargo, esta foto es distinta. No tiene como fondo una guerra. Tampoco un gran despliegue policial al que siempre acompaña un desmedido despliegue periodístico. No me imagino a un fotógrafo con chaleco de mil bolsillos parapetado tras una cámara de peso y la salvaguarda PRESS en letras bien grandes. Me imagino a un transeúnte con una pequeña cámara digital, de esas que ahora todos llevamos en el bolsillo aunque no sepamos bien para qué. Pero miro una y otra vez la foto, y sé que eso no es posible. Que solo alguien acostumbrado a dejar las emociones tras el visor puede apuntar y disparar sobre las catorce sangrientas puñaladas.

Con este texto, vuelvo a apuntar y a disparar sobre la misma foto, admitiendo, no sin pudor, que toda mi curiosidad se centra en saber más sobre Bernardo Pérez… el fotógrafo que pasaba por allí.

(alma)

miércoles, junio 21, 2006

Tentaciones

Nunca se está más cerca de la felicidad que cuando nos sentimos atraídos por alguien. Cual yonkis hacemos todo lo posible por estar cerca de esa persona. Exprimimos nuestra cabeza, cual cazadores de momentos, para darnos un chute de esa persona. Incluso llegamos a administrar las situaciones cual monodosis, siendo concientes de que la realidad podría tirarnos a un abismo, a uno de tantos desenganches de nuestro mono, que han hecho, a lo largo de nuestra vida que seamos como somos. Afortunadamente con el tiempo se aprende a ser pausado pero sé que me tiraría al vacío si desconectara mi mente. Y vaya si me gustaría hacerlo, una y otra vez, una y otra vez…

(el Kartero)

martes, junio 20, 2006

El código de la imbecilidad

Me da igual si María Magdalena folló con Jesús o no. Me da también igual si éste no era el verdadero Hijo sino que servía a uno de los discípulos. Me importa un carajo toda la parafernalia de los templarios. Me trae sin cuidado lo que haga o deje de hacer la curia vaticana. Pero lo que me crispa, lo que no soporto bajo ningún concepto, es que ahora la gente se apoye en ésto para apostatar de la Iglesia Católica. Cómo si no hubieran otras razones. Y claro, me veo; yo ateo hasta la médula y receloso de las prácticas y discursos vaticanos; defendiendo la institución y sus pilares. No somos nadie, que diría un amigo.

(el Kartero)

lunes, junio 19, 2006

A mi amigo Pinzón. Feliz Cumpleaños.

No recuerdo muy bien por qué conocí al pinzón, incluso ni cuando, ni cómo. Para mi es cómo si siempre hubiera estado ahí desde los tiempos de la facultad. El caso es que es un tipo al que es muy fácil profesarle cariño. Un tipo con el que, por experiencia propia, puedes dejar una conversación a medio terminar y retomarla ocho años después justo por el mismo sitio. Un tipo que es una especie de Iceberg, mostrándonos sin ningún pudor todo lo que sale del mar y a su vez reservándose, tras su mirada y su tensa posición, un ojo crítico de una agudeza y percepción dificilmente igualable. En fin, compañero, suerte, salud y un abrazo.

(el Kartero)

domingo, junio 18, 2006

Salto al vacío

Un muelle. Marea baja. Cuatro metros y el mar, frío y a la vez acogedor, sé que cuando entre en el ya no querré salir. Sin embargo permanezco arriba, mirándolo, con la mente perdida y dudando de si salto o no. Esta metáfora-sueño ha sido una realidad a lo largo de mi vida, la conozco perfectamente desde que la asocié a mis momentos más complicados cuando aún era un niño. Y esporádicamente, cuando mi mente la rescata, sé que ya sólo me queda saltar, que ya no hay vuelta atrás, que nunca he salido seco de esas situaciones, que jamás he salido del agua por el mismo muelle desde donde me lanzaba, sino que he empezado a nadar y a nadar dejándolo atrás. La diferencia es que esta vez no estoy sólo y me asusta pensar que ya empiezo a pensarlo, que ésto no lo voy a poder parar. Quizá sea momento de compartir el mar, al fin y al cabo es lo único de mi que puedo dar.

(el Kartero)

jueves, junio 15, 2006

Joy

La pasión es el denominador común y punto de partida de todo aquello que merece ser contado.
Pues bien, esta historia que aquí comienzo, no solo merece ser contada, sino que además, y sobre todo, merece el haber quedado en el recuerdo, en el boca a boca, de las gentes de aquel lugar del mundo que un día tembló por simple solidaridad, por unirse al temblor de aquella pasión.

(alma)

Ni por asomo

Distancia, drogas, apatía, fascismo, inercia. Y muchísimas más razones para desear algo mejor; algo que no nos decidimos a buscar hasta que no se produce la hecatombe. Preferimos la comodidad de llamar amor a algo que no se le parece ni por asomo.

(Pinzón Azul)

Nuestros Salvavidas

Cuando hablamos, en grupo, de relaciones humanas a todos nos gusta desplegar nuestras defensas y argumentar nuestras conductas con más o menos clarividencia verbal. En la mayoría de los casos nadie parece estar demasiado alejado; supongo que debido a la afinidad que nos lleva a formar grupos con determinadas personas; de un sentimiento común y teórico de lo que es la felicidad, de lo que significan toda esa serie de palabras mayúsculas en nuestras vidas.

Sin embargo no deja de ser, tanto diálogo, una especie de auto-defensa y auto-confirmación de que nosotros tenemos unas ideas sobre las cuales caminar, un patrón de conducta que nos da seguridad, y no deja de ser, me refiero, porque a la primera de cambio, en nuestro yo más profundo, hacemos caso omiso a nuestro impoluto manual de funcionamiento para comenzar un vuelo sin rumbo en el que, con suerte, podremos atinar a ir corrigiendo en vuelo.

Y creo que ambas cosas son necesarias. Una balanza sin la cual jamás tendríamos conciencia de cuan locos nos volvemos cuando enfrente tenemos el más simple de los deseos.

(el Kartero)

miércoles, junio 14, 2006

Aticurepac ajor, arto noisrev.

Ecah ohcum, ohcum opmeit oitsixe ne nu siap yum onajel anu añin a al euq nabamall aticurepac ajor seup erpmeis abadna atreibuc noc anu apac ed ohcid roloc. Nu aíd euq abadna rop le euqsob ed onimac a asac ed us atileuba arap elravell anu atsec noc aturf es ortnocne noc le obol zoref. Etse, is raidem arbalap es oznalaba erbos alle y al oloiv. Al nevoj, odnaroll, el ojid: “Y omoc yov oy aroha a asac ed im atileuba y el ogid euq em oigoc le obol y em ohce ocnic sovlop” a ol euq etsé el ednopser: “omoc euq ocnic is olos et eh odahce onu”, “Ha! ¿ay et sav?", el ojed al ahcahcum. Y niroloc odaroloc etse otneuc es ah odabaca.

(el Kartero, a Isa)

martes, mayo 30, 2006

Las paradas donde no me he bajado

Después de hablar con el revisor se bajó del tren. A mi me quedaban varias paradas más y me conformé con mirarla desde la ventanilla al tiempo que me alejaba y ella quedaba allí, plantada, con su mochila en el suelo y mirando al infinito. Esa fue la primera y ultima vez que la vi pero admito que con el tiempo he llegado a pensar que fue un amor del pasado. Eso que hace nuestra mente cuando juega a confundir los tiempos y las miradas, cuando sin pedir permiso a nadie se crea un lugar donde mantener un pensamiento por los años de los años.

(el Kartero)

sábado, mayo 27, 2006

Náufragos

Agazapados tras las nuevas vallas que aportan la tranquilidad al otro lado. Al raso en las playas, ocultos tras colinas para no se deportados por las patrullas a las que ahora les pagamos. Huyen del hambre de nuestros excesos, de las armas con nuestros sellos, de las enfermedades que no tenemos, de sus presentes que son nuestros pasados. Hartos de esperar por nuestras campañas solidarias, de nuestros apadrinamientos, de los pocos que de aquí van creyéndose fuerza viva. Los desnaturalizamos hace más de medio siglo con nuestros adelantos, jugamos a ser Dios con un continente que tiene su ritmo, cómo todos. Amparamos sus gobiernos, exiliamos a sus gobernantes. Somos sus islas. El lugar más cercano a donde intentar llegar cuando el naufragio africano se hace evidente. Y aún así se levantan voces que temen la invasión, que hablan de territorio limitado, que les asustan las nuevas enfermedades y que hasta les agobia pensar que las calles se tiñan de negro. Cuanto despropósito. Si supieran de nuestras miserias igual aceptaban morir en su tierra, lejos de contagiarse de esa nueva enfermedad que nos pudre a este lado del Atlántico.

(el Kartero)

domingo, mayo 21, 2006

Cuando las ostras juegan con sus perlas

En los dos últimos años creo que no habré dormido en una cama más de veinte o treinta veces. Si hacemos un cálculo rápido es fácil comprobar que casi setecientas noches las he comenzado con esa tristeza que da el no poder resguardarse bajo una cálida sábana. El tiempo hace que los números se vuelvan desproporcionados pero el día a día no lo es tanto, con lo cual no deja de ser una mera cotidianeidad. Obviamente sé que hay algo que falla, algo que no está bien. Pero sé que el admitirlo, el saberlo, la consciencia de ello no es más que un tranquilizante para esa inteligencia llamada emocional. Es cómo si me calmara el saber que existen pequeños detalles de inestabilidad en mi vida y ser consciente de ellos. Pero también sé que es cómo una especie de desdoblamiento de personalidad el que hace que mi mente, conocedora de mis taras, señale con el dedo a mi otra parte que acepta esa inestabilidad. Y así, día a día, voy pasando de puntillas sobre esta vida que me ha premiado con mi primer gran asuntillo interno. Es cómo las diminutas partículas de arena que se meten en una ostra y ésta, con en tiempo y los embates del mar, la va rodeando de más y más nácar, sólo que en este caso no sé si lo que atesoro es una perla o más bien un troyano, que puede, con el tiempo, apoderarse de mis entrañas. Y si eso ocurriera creo que mi capacidad de saberlo no serviría más que para ver cómo una insignificante partícula de vida creó en mi una enorme piedra que terminó asfixiándome.

(el kartero)

sábado, mayo 20, 2006

No sueltes mi mano

Cuando llegó a su unidad la enfermedad había avanzado considerablemente. Él era consciente de que estar allí era el preludio a morir y ella se encargaría de que su estancia fuera lo menos dolorosa posible. Todo duró tres semanas pero aquello la cambió para siempre. El destino le tenía preparada la mayor de las tragedias. Algo, que no se podía definir muy bien, cómo en la mayoría de los casos de la vida, hizo que ambos se sintieran atraídos. Ella comenzó a prestarle toda su atención y él a sufrir los momentos en los que su doctora no estaba. En cuestión de días admitieron que algo no iba bien, que qué broma macabra era esa que hacía que el amor surgiera de la forma más simple en una situación con un final apocalíptico tan claro. De pronto la muerte adquirió un sentido totalmente diferente al acostumbrado. Y su trabajo que era mantenerlo sedado, evitarle el dolor, empezó a ser el enemigo de ambos. De él porque quería permanecer despierto todo el rato y aunque sufriera, ser consciente de su amor. De ella porque si lo sedaba admitía que aquello duraría lo que un suspiro. Algunos días después el murió, agarrado a su mano, el más potente de los sedantes. Y con su muerte algo de ella también murió. Dejó para siempre el hospital. Pero quién puede separar su vida de su trabajo cuando éste consiste en el final de las vidas de los demás.

(El Kartero)

jueves, mayo 18, 2006

Los que buscan

Los hay que buscan en un vaso de cerveza, otros con un incomprendido sacrifico, algunos se encomiendan al Señor y no menos a otros señores, terrenales o divinos. El caso es que casi todos buscan. Y digo casi todos porque existen, con total seguridad, otros que no buscan, unos por simpleza y otros por creer haber encontrado aquello que ansiaban, pero en ambos casos, la necedad de su actitud los agrupa, a unos por zombis y a otros por conformistas.

(el Kartero)

domingo, mayo 14, 2006

Hiperbreve genérico

Si me pongo en tu piel puedo llegar a comprender, sin demasiado esfuerzo, cómo aceptas, sin resignación, que tu batalla está perdida. Me doy cuenta de que eso no significa que debas enfrentarte a ello. Comprendo que aceptes que no quieras ganar nada ni vencerte a ti misma. Simplemente no acudir al enfrentamiento diario contigo misma te vasta, y si para ellos debes pasar de puntillas sobre algunas cosas mejor. Al fin y al cabo lo tuyo es una actitud de lo más sincera. Qué pena que no encuentre yo una lámpara que frotar y regalarte los deseos. Pero las cosas suceden de una manera mucho más sutil e imperceptible, día a día, noche a noche y sin que tengamos más control sobre ellas del que buenamente nos dejen las circunstancias. De todas maneras, y aunque parezca una actitud demasiado cristiana, el dolor a veces nos dignifica, nos hace comprender cuales son las cosas que nos importan. Aunque tu dolor lleve siempre al mismo sitio. Te tendería una mano si me la pidieras aún sabiendo que no te serviría de nada. Pero te la tendería igual, para que sepas que te entiendo, que conmigo no debes fingir, que lo que callas yo lo escucho y que cuando abres los ojos, yo me cuelo en ellos.

(el Kartero)

viernes, mayo 12, 2006

La segunda carrera

África eyacula pateras y cayucos que lanza con energía sobre el gran óvulo europeo. Cómo la primera vez, la biológica; la carrera que ya ganamos todos y cada uno de nosotros algunos meses antes de nacer, en esta ocasión, todos vienen en busca de la vida. Pero como nuevamente la primera vez, el óvulo es altamente selectivo, despojándose para siempre de la mayoría, que se perderán por los tiempos de los tiempos en los desagües de nuestras ciudades.

(el Kartero)

lunes, mayo 08, 2006

ordináre

Con la mente perdida y la mirada pensativa voy resolviendo, uno a uno, cada día. Mas un poco de los días del pasado. Si no me falla la cuenta debiera llegar un momento en el que me pusiera al día, pero quedan tantas cosas por ordenar.

(el Kartero)

domingo, mayo 07, 2006

Laura



Laura no distaba del cielo más que del suelo. Apenas hubiera bastado una sencilla y leve excusa para desplomarse y abrazar para siempre la tierra. Pero esa condición no llegaba y su cuerpo, lenta e irremediablemente se iba adaptando a ese nuevo medio que suponía su disyuntiva existencial. Aún hoy la recuerdo alargando las manos, intentando permanecer agarrada a las últimas rocas. Mientras su cuerpo ya nadaba, en ese mar que es la soledad.

(Pieza: Julio Nieto - hiperbreve: El Kartero)

La memoria de las mariposas

Todo lo que sabe la oruga es que jamás ha visto a ninguna adulta. Presiente que desaparecerá en días. Luego, de crisálida, y cuando ya piensa que nada puede ser peor, que mayor sufrimiento no existe, encuentra la libertad en forma de alas. Y apabullada por tanta belleza pierde cualquier interés en avisar a las otras orugas, que por los tiempos de los tiempos siguen sufriendo tan cruel infancia.

(el Kartero)

sábado, mayo 06, 2006

Tío Nicolás

Esperó a estar casi muerto para terminar su biografía. Tan preocupado estaba por no dejar nada fuera que la necesidad de describir la muerte misma hizo que aún tomara notas cuando desfallecía. Su sobrino, años después, al ordenar todos sus papeles, se dio cuenta que todos estaban vacíos. No contaban nada. Tanto empeño por incluirlo todo con pelos y señales, mientras permanecía absorto en su cuarto, habían hecho que se quedara sin vida que contar.

(el Kartero)

miércoles, mayo 03, 2006

Perfumes

Los olores jamás pasan desapercibidos. Alguna vez he recorrido ciudades enteras persiguiendo un olor. El olor de una persona claro. Siempre el mismo olor. Se me ocurre que los perfumes deberían ser unipersonales. Una persona, un perfume. Jamás debería ser posible que varias personas compartiesen un mismo olor. Eso evitaría muchas persecuciones inútiles.

(alma perfumada)

Lejos

Jamás se me hubiera ocurrido hacer esto en mi país. Yo, que había tenido la suerte de ir al colegio hasta que tenía once años. Cuan equivocado estaba. Ahora me siento la persona más afortunada del mundo. Cuando le escribo a Sahel y se lo cuento se entristece, me dice que mejor regrese, que no comprende por qué debo hacer el trabajo que los blancos no quieren, que ya nos apañaremos. También le digo que salga a la calle por la noche a contemplar las estrellas, que las mire y sienta cómo en ese momento yo también las miro, a su lado, bajo este cielo tan igual y que esconde tantas diferencias. El compañero del camión me dice que un día me voy a caer si sigo mirando al cielo, pero no le hago caso, y sigo hasta que para y vuelvo a recoger la basura.

(el Kartero)

Mi relación con el mar (II)

Recuerdo que debían ser casi las siete de la tarde de un extraño y frío día de septiembre. Una de esas tardes en las que el verano hace su primer intento por desaparecer. Aun quedaban casi un par de horas de sol. El cielo estaba totalmente cubierto por unas densas y grises nubes y el mar, agitado, con olas de casi tres metros, era de un azul marino intenso. Estábamos solos, mi padre y yo, a punto de regresar, con el día finalizado. Los atunes estaban cubiertos, limpiábamos la cubierta al tiempo que navegábamos despacio rumbo a puerto. De pronto, lo veo salir del puente, me dice que me prepare, que coja carnada en un cubo. Acaba de ver una ballena. Mis ojos brillan, nunca antes había visto una y me disponía a vivir uno de esos momentos tan oídos desde pequeño. Cambia el rumbo; avante claro. Atento, me dice, va a salir a sotavento. No hubo terminado de decirlo cuando aquella mole inmensa salió al costado. Apenas distaba tres metros y debía medir unos veinte. Aún recuerdo el olor de su respiración, el viento trajo toda el agua que aspiró sobre nosotros. Luego, rápidamente echamos cientos de diminutas caballas al agua consiguiendo engañar a los atunes que la acompañaban. Una hora más tarde, regresábamos a puerto. Inmersos en una orgía de sangre que limpiábamos poco a poco al ritmo de las olas.

(el Kartero)

martes, mayo 02, 2006

Grabadora de olores

El sueño de mi vida, la invenciòn que si llego a realizar debe hacerme rico, es la grabadora de olores. Un aparato que permita recuperar aromas en cualquier momento y lugar, para asì librarlos de toda carga emocional. Para neutralizarlos, en definitiva: que la que fue dulce fragancia en las ramblas de Barcelona no tenga que ser peste en una ciudad algo màs cercana. Que sean sólo olores, si no se quiere que sean otra cosa.

(Pinzón Azul)

Mi relación con el mar (I)

El estado de vigilia era tal que no me dejaba descansar. Un solo ruido me sobresaltaba. De pronto, a lo lejos, oía sonar un despertador. Tan sólo un pitido bastaba para que fuera apagado, luego unos pasos por el pasillo se aproximaban, pasaban por delante de mi habitación y se dirigían al baño. A partir de ahí comenzaban mis plegarias, intentaba controlar, en gran silencio, todos sus movimientos, lo escuchaba abrir la puerta de la cocina, desde donde comprobaba el estado de la mar. Pedía que estuviera mala, que hiciera viento, que no pudiéramos salir. Luego la puerta se cerraba, y en la mayoría de las ocasiones los pasos se dirigían hacía mi cuarto. Todo estaba perdido. Un ligero toqueteo en la puerta y la misma frase de siempre: “Levántate, ya es la hora”. En ocasiones había gemido algo así como que estaba malo, pero mi padre se las conocía todas y no causaban mis lamentos el efecto buscado. A partir de ese momento todo era siempre igual. Me ponía la ropa de abrigo, me enfundaba unas botas de goma y me achataba el pelo, no recuerdo haberme lavado la cara nunca, es curioso, siempre he salido legañoso al mar. Como mucho, me frotaba los ojos con los puños. Y la acidez en el estómago, una acidez, que desde mis doce años, fue a mí como la saliva a los perros de Pavlovsky.

(el Kartero)

sábado, abril 29, 2006

Lo que cargan las mochilas

Cuando se marchó llevaba su desgastada mochila repleta, tanto que se podía ver incluso el hilo de las costuras, forzado, cómo brillaba con su color blanco nuevo. Había estado cuatro años, dos meses y ocho días exactamente en aquel apartado pueblo que bastantes años más atrás lo había visto nacer.
Cuando llegó, con su impoluta mochila vacía, sabía que la agonía de su madre podría alargarse por años, estaba preparado, sin embargo, ella, al verle, no tardo más de tres días en dejarse morir. Lo que lo retuvo fue otra espera, la de David. El día del entierro, éste llegó al pueblo. En sus maletas cargaba un sinfín de pastillas para intentar aliviar su muerte. El sida estaba siendo particularmente implacable con él. Su cara delgada y las oscuras manchas en la piel no vaticinaban demasiada espera, sin embargo, la amistad entre ambos, el recuerdo de su amor juvenil y la sensación de revivir un pequeño paréntesis hicieron que el tiempo corriera un pelín mas despacio. Cuatro años, dos meses y cinco días fue todo lo que la vida pudo hacer por ellos. Una compensación divina a tanta incomprensión pasada.
Cuando se marchó llevaba su desgastada mochila repleta. Las costuras, forzadas, sostenían los pésames de cada uno de los habitantes de aquel pueblo, que aferrados a una última oportunidad, glorificaban, ahora, tanto amor.

(el Kartero)

viernes, abril 28, 2006

Ultima llamada

Verdaderamente es una pena, pero lo más probable es que no nos volvamos a ver. O en todo caso que si eso llega a ocurrir ya te hayas olvidado de mi cara; e incluso puede que yo de la tuya por imborrable que hoy me parezca. De todos modos necesitaba decírtelo, que eres realmente simpática, y ojala lo hayas entendido; que en realidad era una manera de decirte que me encantaría hacerte el amor.


(Pinzon Azul)

miércoles, abril 26, 2006

Mi primer ron

Mi relación con el ron se remonta a los tiempos de colegio, cuando veía a los mayores beberlo mientras jugaban a las cartas, al dominó o incluso a nada en general. Lo bebían en aquellos vasos pequeños con la base llena de laditos, vasos que ya podían tener diez años pero que seguían cristalinos. Ventajas de lavarlos a mano. Recuerdo que en una ocasión, después de hacer un mandado, mi recompensa fue probar, por primera vez, un buchito de aquella amarillenta bebida. Me inició Seño Juan el Canario, y me sentí importante durante casi una semana, recuerdo que se lo contaba con detalles al resto de los amigos, incluso les decía que me había bebido un vaso entero de una jalada y que no había repetido por tener el estómago vacío. Cómo me miraban, cuando en realidad, nada más mojar los labios, sentí la voz de mi abuelo decir; - Juan, vas a emborrachar al chinijo. Y éste, al tiempo que me lo quitaba decirle, - Esto no es malo, no me ves a mi, para noventa años casi. Y así fue, vivió casi diez años más. Lo de su nombre, Seño Juan el Canario venía de tiempos de la guerra cuando era el único isleño en su batallón, allá por tierras castellanas. Luego cuando llegó a Lanzarote lo siguió conservando por ser de Gran Canaria en la Isla Conejera.

(el Kartero)

lunes, abril 24, 2006

Momentos Oníricos

Nunca he subido en tren. Pero tampoco en un camión de bomberos y ninguna de estas cosas me han afectado. O igual si. Igual han producido una carencia en mi mismo que no atisbo a valorar. El caso es que siempre me había imaginado la experiencia de ir, como los vaqueros de las pelis, subido encima de uno con todo ese viento dándome en la cara mientras, sentado, me agarraba con fuerza al suelo para impedir que los saltitos del vagón terminaran tirándome a la vía. El tren, en este caso no era tal, pero la sensación vivida ha desplazado ese sueño; ese y otros muchos. El aire en mi cara, aunque menos violento, era igual de liberador, impregnado por cientos de fragancias que intentaba, a veces sin atino, oler. Mis manos, que sufrían la tensión de no caer, eran como vientos enterrados en la roca, que sujetaban todo mi cuerpo obligando a mi cabeza a salir en avanzadilla, en busca de tu rostro, que se aproximaba más y más en cada envestida. Y así una y otra vez, una y otra vez el sueño se fue desdibujando para perderse por siempre en esos momentos silenciosos y oscuros que preceden al amanecer

(el Kartero)

domingo, abril 23, 2006

Columpios

No deja de tener su gracia el encontrarse con una parte de uno mismo al subir a un columpio.
No deja de tener su gracia el qué, después de todo, las relaciones humanas a esas alturas, que levantan lo suficiente del suelo, se envuelvan en tanta pasión, dejándose en manos de quien te mece, de quien te asegura, desde el suelo o desde el aire, a la par, impulsando ese vaivén, ese ir y venir.
Y no deja de tener su gracia porque los columpios siempre han estado ahí aunque hagan décadas que nos bajamos de ellos.

(el Kartero, a maite)

miércoles, abril 19, 2006

Encorvamiento Existencial

Cada uno de nosotros, por más que pasemos desapercibidos, caminamos apesadumbrados portando una más o menos pesada losa donde se han ido escribiendo a golpe de cincel todas aquellas asperezas que conforman nuestro lado más trágico, nuestra conducta más huraña. El secretismo con el que intentamos en muchos casos andar con ese peso no hace más que agravar nuestro encorvamiento existencial que mira cada vez, por más tiempo, sólo hacia el suelo. Es por eso que en ocasiones, cuando alguien se encarama sobre nuestra espalda para leer dicha losa, ésta, lejos de pesar más aún, se vuelve liviana, aunque sea durante un tiempo, el que pasamos convencidos de haber compartido el problema. Una pequeña puerta, sin duda, por la que podríamos dejar entrar nuevas soluciones, una pequeña puerta que a veces es la única que veremos abierta.

(El Kartero, a tod@s los que deambulan, cual caracoles, con sus pesadas losas. Y a ti también, a la que aprieta los labios al leer esto)

Mujeres

De unas necesito la compañía, de otras las palabras, de algunas la aprobación, o el amor, o las risas o el sexo. Necesito tan pocas cosas de cada una por separado que siento que no es sincera esta promiscuidad afectiva, que no encontraré nunca la ansiada reciprocidad, que donde quiera amar sólo recibiré palabras, que donde quiera aprobación recibiré risas, donde compañía amor, y donde sexo corro el riesgo de recibir sólo eso, sólo sexo.

(El kartero)

martes, abril 18, 2006

El secreto de Yaiza

Yaiza se rebela contra su uniforme de colegio de monjas, le bastará llegar a casa para endosarse las ropas que la identifican como una punk con ligeros toques siniestros. Por la tarde quedará como siempre con sus amigas; comentarán el piercing que ella se ha puesto en la nariz, echarán pestes de la comercialidad del nuevo disco de Green Day y discutirán sobre cual de los chicos que les gustan monta mejor en monopatín. Por supuesto, también se cagarán mucho en sus compañeras pijas de clase. Pero Yaiza no lo dirá todo. No hablará de la película que ayer fue a ver al cine, ella sola en la sesión de las cuatro y media. La película de Britney Spears.

(Pinzón Azul)

viernes, abril 14, 2006

Buscando la excitación permanente

Mi mano inmóvil en los intervalos de estas palabras apuntando fijamente al milímetro en blanco como una ilusión de tiempo fotografiado, una película rabiosa que no atiendo, más metros cuadrados de casa de lo que necesito. Y escribo porque se que solo me queda una cerveza y luego me desesperare del todo y todas las formas de verme se engarrotaran… y meto esto aquí porque ahora mismo no puedo meter otra cosa en otro sitio y ya tengo internet en mi casa.

El fuuuturo

martes, abril 11, 2006

Volvería a hacerlo

No debería quejarme de estar en esta celda, enseguida me sacarán y al fin y al cabo estos polícias me han salvado la vida. Han estado a punto de lincharme. Y quizás sea cierto que deba tomarme las cosas con más tranquilidad, llegar diez minutos más tarde a casa no cambia nada. Pero sé que tengo razón, y volvería a hacerlo. Volvería a plantarme delante de los costaleros y el paso que llevaban en procesión para gritar con todas mis fuerzas "cabrones!", "hijos de la gran puta!" y "fascistas!".

(Pinzón Azul)

viernes, abril 07, 2006

Contigo en mí

Te tengo incrustado en todos los recovecos de mi vida. Durante mucho tiempo intenté sacarte de allí donde te encontré. Nunca lo conseguí. Ahora aprendo a vivir contigo en mí.

(alma)

jueves, abril 06, 2006

Represión

No tengo ni idea de porqué no nos mataron. Es cómo si sus dignidades estuvieran a salvo dejándonos con vida mientras nos retuvieron seis largo años en aquel zulo de apenas un metro cuadrado por uno ochenta de altura. La altura la recuerdo especialmente bien porque yo medía uno ochenta y siete cuando entré allí. Tantos años consiguieron que mis ideas, atentas a esos siete centímetros de más, consiguieran encogerme. Tampoco mi vista es ya lo que era. Mis ojos no ven más allá de mis recuerdos. Sin embargo el oído si que se ha hecho fino, hasta tal punto que aún hoy sigo escuchando los pasos lejanos de las botas que debieran venir a fusilarme, las que siempre esperé, aunque fuera por dignidad.

(el Kartero)

miércoles, abril 05, 2006

No esperes a mañana

Acaso se ha detenido el mundo alguna vez para que cruzara un anciano. Jamás lo ha hecho. Y nosotros seremos ese anciano dentro de algún tiempo. No existen segundas oportunidades. Incluso es demasiado arriesgado hacer planes para dentro de un rato. No digo nada ya de hacerlos para mañana, para la semana que viene, para toda la vida. El futuro es un engaño. No tener nada mañana no nos puede condicionar para que no cojamos nada ahora. Y aún así nos dormimos, nos dejamos llevar por esa sensación de eternidad cuando lo único seguro no es ya la muerte, que si que lo es, sino que la vida es tan efímera que a veces pretendemos vivirla lentamente estirándola hasta casi romperla.

(el kartero)

martes, abril 04, 2006

Mis Relaciones más Humanas

Existen infinidad de textos que hablan sobre el proceso de atracción entre las personas. Quizá no son tantos. En realidad nunca he leído nada sobre ello. Me aburriría soberanamente. Últimamente me aburre casi todo lo que llega en forma de palabras a mis manos. De hecho no entiendo que es lo que te mueve a leer esto. No se si esperas encontrar detalles de mi personalidad que de otra forma no adviertes, no se si pretendes leer algo que deje de gustarte para así confirmar que no soy ni bueno ni novedoso escribiendo. O igual resulta, OH! sorpresa la mía, que te identificas con lo que escribo porque de alguna manera hay algo que no sabes explicar que es, lo que hace que exista cierta empatía entre nosotros que te predispone a aceptar de buen grado todo lo que de mi te llega. Y de esta manera llego de nuevo al principio. La atracción entre las personas. Dejando a un lado las feromonas, que han caído en desuso al comprobar que su transmisión a través de Internet no era posible y que por tanto no eran el único condicionante de la atracción a buena cuenta de que esta si se producía en ese medio, debe existir algo, una especie de bisexualidad no necesariamente avocada a la consumación, que hace que nos atraigamos por igual entre hombre que entre mujeres que entre todo lo contrario, y ese algo que no se exactamente que es pero cuyo desconocimiento tampoco me quita el sueño hace que me apetezca estar con unos y aborrezca la presencia de otros. Simplemente. Podría darle de beber a uno o una de estos últimos. Pero nunca, jamás, quererlo. Y yo vivo de querer a los que me rodean.

(el kartero, a l@s que quiero y l@s que no quiero)

lunes, abril 03, 2006

Marta y Elena

Cuando estoy mendigando un poco de atención por parte de Marta, aparece Elena. Así que me replanteo mis objetivos y la estrategia a seguir. Pero cuando por fin me he decidido Elena ya no está, y es entonces cuando me parece que Marta está haciendo señales de humo. Basta que las descifre para que el proceso se repita como un bucle infinito del que ya va siendo hora de salir.

(Pinzón Azul)

sábado, marzo 25, 2006

Jodida es la soledad

Tan jodida es la soledad que puede llegar a hacernos sentir culpables por intentar esquivarla.

(Pinzón Azul, a quien lo quiera entender)

viernes, marzo 24, 2006

Ideas de Acero

Al primer pez lo siguieron los demás, agitados, excitados. Uno a uno fueron saltando del cubo, cayendo al suelo, al ardiente suelo del mediodía. Ella los miraba, con sus ojos metálicos, con su mueca de acero, no podía hacer nada, anclada al asfalto, petrificada. Y los peces agonizaban. Eran devorados por las aves mientras nadaban en la nada. Una gota de sudor empezó a deslizar sobre su plateada frente, luego otra, y otra y así fueron destiñendo su particular barniz de estatua, y pestañeó y soltó el cubo y se secó el sudor y se descalzó de sus zapatos fijados a lo inmóvil y corrió y se mezcló entre la gente. Hoy, de aquella escultura que nació viva sólo quedan las alpargatas, unas frías y plateadas alpargatas. Suficiente, no hay quien pase y no vea a la vendedora de pescado.

(El Kartero, a j.n.)

jueves, marzo 23, 2006

Hogueras de mi

La necesidad de no poseer nada. El placer de desprenderse de todo. La desnudez más absoluta. Creo, con total convicción, que sólo así comprobaría lo que de verdad necesito tener a mi lado, por descarte, admito, viendo cómo lo salvo una y otra vez de las sucesivas quemas, cómo lo dejo para el final, para conmigo; para siempre.

(el Kartero)

miércoles, marzo 22, 2006

Hiperbreve abstracto

La sensación de sentirse en el limbo no es algo inaudito que no le pase a nadie. No es ni un castigo ni un premio a la diferencia. Tan sólo es algo cada vez mas frecuente, en este mundo donde la oferta de necesidades es cada vez más amplia haciendo que volvamos a recuperar esas sensaciones de la infancia cuando nos abstraíamos a pensar en nosotros de mayores. El caso es que ahora, con los suficientes años de por medio, empezamos a llevar cada vez peor eso de no poder desprendernos de todo lo que nos resulta pesado. Yo por el momento he pensado que debería pensar en la posibilidad de crear una lista donde dividiera entre cosas que pesan y cosas que no. Debería ser ese el primer paso para soltar lastre, aún así, sólo lo he pensado, en mi limbo, en mi particular inopia de soluciones, si es que las soluciones son moneda de cambio y me permiten soñarlas para creer que aun estoy por encima del limbo; aunque sospeche que me engaño.

(el Kartero)

sábado, marzo 18, 2006

Hierro 3

Quedé con unos amigos para ver una película a las 8.30. Cada uno en su casa. A eso de las 11 la comentaremos. Cada uno en su casa.

(alma)

jueves, marzo 16, 2006

Echaré de menos

Echaré de menos esa magnífica sonrisa que tienes y que tan poco frecuentemente me encuentro. Ya ves, vivimos en un sitio pequeño y apenas nos cruzamos muy de vez en cuando, parece que el destino quisiera dosificarme tu belleza para que no me provoque una intoxicación. Antes de mi partida sólo espero poder darte otro beso, después me llevaré conmigo el secreto que ni siquiera tú conoces, a qué no te imaginabas que tú también has sido mi musa?

(Pinzón Azul, a A. -ojo, no es la misma del otro día-)

miércoles, marzo 15, 2006

Principios sin fin

Cuando me dijiste que estabas a favor del puerto de Granadilla se me quitaron gran parte de las ganas de echarte un polvo que tenía. Esto de tener unos principios tan firmes me está resultando antiproducente.

(Pinzón Azul)

martes, marzo 14, 2006

La gota

Apenas transcurren algunas décimas entre que la gota se suelta del extremo de la manguera precipitándose al vacío y golpea con fuerza la plancha de acero que yace expuesta al sol. Me imagino, porque es imposible verlo a simple vista pero si que lo han dado alguna vez por televisión, cómo la gota, al caer, se deforma, cómo esa esfera líquida en caída libre al primer contacto con el firme no golpea sino que cambia su forma y cómo el lado contrario de la esfera sigue su curso empujando a toda ella más aún contra la plancha, haciendo rebotar hacia arriba los lados para permitir el paso de ésta en tromba, formado ese hongo invertido, esa hecatombe a nivel microscópico, y así una y otra vez hasta que las fuerzas se disipan y la gota, amedrentada, se rinde ante la evidencia y ya sólo moja, sin más pretensiones, la superficie plateada.

(el Kartero)

lunes, marzo 13, 2006

Diario de un pájaro (IV)

He sentido lástima por el chaval que me ha venido a visitar hoy. Era joven, su voz entrecortada y su impecable traje algunas tallas mayores que la suya no dejaban mucha duda a que yo fuera de sus primeros clientes. Supongo que no debe ser un trabajo donde se aguante mucho. Cuando entró en la habitación yo estaba leyendo, algo que últimamente hago mucho pues es lo único que me permite escapar de este lugar. Además, estos comportamientos tan positivos me dan puntos ante la valoración de los psicólogos. Pobres ignorantes, qué sabrán ellos. He dicho que estaba leyendo aunque más bien hacía algún rato que me había quedado mirando fijamente a una mancha de pintura que había sobre la puerta. Creo que debía ser la quinta vez que pedía permiso para entrar cuando volví en mí asintiendo con la cabeza. Se presentó en un lenguaje casi ininteligible y acto seguido, al abrir su maletín, se le cayeron todos los papeles al suelo, yo no lo ayudaba mucho pues no había abierto mi boca para nada, tan sólo lo observaba, como si esperara el mínimo signo de debilidad para abalanzarme sobre él y devorarlo, incluso pensé en rugir para ver si salía corriendo. Por fin recogió todo y me mostró lo que traía, un catálogo de patas de palo, prótesis de titanio que es como se les llama ahora. Podría haber superado la situación si se hubiera limitado a explicarme técnicamente aquellas proezas de la tecnología pero no, tuvo que cruzar la frontera de mi estupefacción diciéndome aquello de: -Y estas son las XRM-II, con ellas le garantizamos que volverá a ser como el de antes. Pobre chaval, debí apretarle demasiado el cuello con mi única mano, cuando lo separaron los celadores de mí, su cara estaba azul. Ahora estoy esperando a los psicólogos. Candidatos perfectos para mi ira.

(Ursus)

domingo, marzo 12, 2006

Querida hermana

Querida hermana,
aunque te llame así sabes tan bien como yo que de hermanos no tenemos nada. De hecho no tengo ninguna hermana, tan sólo un hermano, y precisamente estos días me sorprendo descubriendo cuanto lo quiero. Y es maravilloso que así sea, los hermanos son los que nuestros padres nos dan, no los podemos elegir y por tanto no se sabe que podemos esperar de ellos. Sin embargo los amigos seguimos otro proceso, nos encontramos algún día por el camino, descubrimos que esa compañía nos agrada y poco a poco nos vamos conociendo y aceptando unos a otros. En otras palabras, nos elegimos.
Pero de entre las imperfecciones que tiene el mundo una de las más mezquinas es la de las distinciones entre las amistades del propio sexo y las del contrario. Sobre todo cuando tantos tópicos se han dicho y escrito al respecto.
Con todo esto lo que quiero decir es que eres mi amiga, eso ya lo sabes. Y que te quiero, sólo faltaría que tuviera que avergonzarme de decir esas palabras. He tenido que darme cuenta de lo que te voy a echar de menos para escribirte estas líneas. Así que aunque no vea las cosas como tú, más bien aunque no las llame con el mismo nombre, el que me consideres algo parecido a un hermano me halaga, claro que sí. No puede ser de otra manera, cuando recuerde nuestros desacuerdos al respecto tendré un precioso motivo para sonreír.

(Pinzón Azul, a su hermana A.)

Puzzle

La vida, si la miramos hacia atrás, la podemos dividir en pequeños fragmentos con alguna o muchas diferencias entre si. Los hay más largos, más cortos, algunos que añoramos pero no los volveríamos a repetir y otros que sí, otros han sido tan efímeros como una mirada en un paso de peatones, y los hay que por uno u otro motivo los hemos decidido ignorar. Sin embargo, desde hace poco tiempo tengo la impresión de que mi vida reciente está dividida en un millar de trocitos que aunque presiento que son piezas de un rompecabezas no acierto a adivinar que me han de mostrar cuando las una. Mientras tanto me entretengo organizándolas, juntado las que forman el marco y las esquinas de este puzzle ciego que es mi vida.

(el Kartero)

sábado, marzo 11, 2006

Ligaduras

El emigrante entrega su tarjeta de embarque a la azafata, que sonriente le devuelve su cupón. A continuación camina con su mochila a la espalda a través de la pasarela cubierta. Una vez acomodado en su asiento y con el cinturón de seguridad abrochado, recuerda esas palabras que escuchó: "Al fin y al cabo, tampoco tienes nada que te ate aquí." Y con una sonrisa ligeramente amarga piensa que eso tampoco es completamente cierto, nunca lo es.
El avión se dirige hacia la pista, enseguida tomará velocidad y despegará.

(Pinzón Azul)

Hablar por hablar

Falta de respeto, exceso de cultura e idolatración. Demasiados pecados para una sola noche, incluso para mí, que a veces me gusta jugar al despiste. En adelante no me toquéis los huevos por favor.

(el Kartero)

viernes, marzo 10, 2006

Las tardes con ella

Se sube en la silla. Encoge ligeramente las piernas cómo si cogiera impulso para saltar y lo hace, a su manera, primero baja un pie y luego el otro agarrándose de mi mano. Es su gran salto, aún está practicando. La miro con cara pensativa, mientras escribo esto que lees, y me mira, me enseña todos los dientes y sonríe. Qué metáfora saltar de la silla. Qué responsabilidad que por el momento se agarre de mi mano. Qué amor, sus pequeños dientes en esa enorme sonrisa. Una, dos, tres,… vuelve a saltar.

(el Kartero)

jueves, marzo 09, 2006

Hambre

¿En qué circunstancias te levantarías una mañana y te irías a hacer cola a la puerta de un supermercado esperando a que abra?
Yo no encuentro circunstancia alguna. Pero hay cada día ocho o diez personas que sí las encuentran. Siempre están ahí. Sus caras varían pero su actitud no. Brazos cruzados, en corro frente a la puerta. Día tras día me sorprenden con solo estar. Día tras día imagino que han pasado la noche amasando un sueño endeble, excitados por la posibilidad de que mañana no abra el supermercado y sus neveras se queden vacías para siempre.

(alma)

miércoles, marzo 08, 2006

Diario de un pájaro (III)

Esta mañana me ha pasado algo verdaderamente sorprendente. Cuando me han venido a pinchar he tenido un acto reflejo; he querido apartar la inyección con mi mano izquierda. Con mi inexistente mano izquierda. Mi cuerpo debe reaprenderse a sí mismo. Había oído hablar del picor en los miembros fantasmas pero no de esto. Luego, debí quedarme dormido. El caso es que me entraron unas ganas terribles de ir al baño e intenté levantarme. Fue horrible comprobar cómo las fuerzas se desvanecían en mis piernas inexistentes. El estar en una habitación sin ventanas tampoco ayuda. Ya no puedo escapar, dejando mi cuerpo sobre la cama.

(Ursus)

martes, marzo 07, 2006

Historias

Estoy acostumbrado a los abandonos. Mi padre se fue de casa un día. Algunas semanas después mi madre me dejó con mis abuelos y jamás volvió. Unos meses más tarde, justo el día antes de mi primera comunión, también lo hizo Dios. Casi veinte horas después era yo quien dejaba al cura plantado en el altar. Y así sucesivamente he llegado hasta este momento. Llevo cinco años sin grandes percances y a decir verdad siempre he presentido que se me estaba reservando alguna gorda para el momento más inoportuno. Me licencié en psicología antes del verano y nada más venir de vacaciones me sale este trabajo. Empecé a trabajar ayer. Y esta es mi primera experiencia. En la sala de al lado hay un cadáver, el de un chico joven de raza blanca que iba en una motocicleta sin placa. Tráfico no sabe nada. No llevaba documentación, tan sólo un móvil; de tarjeta. Debo identificarlo. Tengo su agenda. Debo buscar un número por el cual empezar. Debería ser un familiar. O un amigo. Alguien a quien llamar. Todos los nombres son sospechosos. Ha sonado varias veces. Números privados. Quito el volumen y espero a que se cansen. Vuelvo a la agenda. María, María rubia, Mercedes, Oswaldo,… Taxi, Viejos, Yeyo, Walter, Ana, he pasado sobre esos nombres multitud de veces. Sé que debería llamar a Viejos, que supongo serán sus padres, pero preferiría otro número. No me decido. Vuelve a sonar. En la pantalla se lee Viejos. Suena. No soy capaz de cogerlo. Me levanto. Estoy acostumbrado a los abandonos y ya sé que me deparaban estos cinco años de calma. Me dirijo hacia la puerta. La cierro. El sonido del móvil ya casi no se oye. Salgo a la calle. Me voy.

(el Kartero)

lunes, marzo 06, 2006

Diario de un pájaro (II)

Desde mi cama tan sólo puedo ver un trocito de mar. Bien es cierto que todo lo demás es cielo hasta terminar la ventana pero no suple mi carencia tanta nube, tanto aire. No obstante he de aferrarme a él pues me han dicho que me trasladan en breve a otra habitación. Una sin ventanas. No deja de tener gracia que me consideren peligroso de suicidio. Esos ordenadores, que deben haber tomado la decisión, no saben, los pobres, que sin piernas y sin una mano no seré capaz de bajar de esta cama y trepar por la ventana. Ni tan siquiera para ver el mar, que sí que merecería la pena.

(Ursus)

6 de marzo, 6 años atrás

Lo recuerdo perfectamente, ese fue el día en que te conocí. Con gran formalidad nos dimos la mano y luego estuve observándote de manera más o menos furtiva, imposible desviar la mirada de un rostro tan sonriente. Al día siguiente volví a verte, y fui directo a hablar contigo. Una de las decisiones más afortunadas que he tomado en mi vida.

(Pinzón Azul)

sábado, marzo 04, 2006

Manuel

Las caricias que nunca nos dimos se disuelven, ansiadas, en el tiempo. El no estar a la altura. El no llegar a tiempo a tus metas. El querer ser como la parte de ti que me gustaba y no cómo la que detestaba. El querer ser, pese a todo, como yo. Todo se disuelve, como las caricias, en el tiempo. Y el tiempo ha pasado, y la distancia se ha interpuesto, y ahora presiento, que aunque quisiéramos ya no seríamos naturales y estamos condenados por los tiempos a mirarnos sabiendo lo que nos debemos. Pero igual no todo está disuelto. Tus últimos besos se han clavado como lanzas ardientes que derriten tanto hielo. Quizá es que tu losa, la que cargas, también está sufriendo el deshielo. Esperaré. No tengo a donde irme. Además, no me lo perdería por nada del mundo.

(el Kartero)

viernes, marzo 03, 2006

Carmen

Echo de menos el olor a lejía de sus manos. Su anillo, que parecía estrangular el dedo. Su aliento; el de diario y el de cuando disimulaba estar enferma. Sus caricias, sus palabras, sus remedios, su silencio. Echo de menos las tardes de sábado, cuando nos enseñaba las fotos, cuando abría las cajas. Colarme en su cama. Su calor, que me dejara durmiendo cuando ya no estaba. Echo de menos sus caldos, sus carnes, sus pescados. Echo de menos sus edades, cuando le preguntábamos, cuando nos decía, cuando calculábamos las nuestras en función de la suya. Quizá por eso sigo yendo, y aunque ya nada sea igual, me sigo sentando a la mesa, esperando que me sirva, y notarla tras de mi, observando mis gestos, mis edades, que son, en resumen, sus edades.

(el Kartero)

Diario de un pájaro (I)

Siempre quise que mi muerte fuera lenta y placentera, de esas que te permiten soportar con conciencia las últimas agonías. Sin embargo, caprichos de mi existencia, el primer impacto me cercenó, de cuajo, las piernas a la altura de las rodillas. Mi cuerpo, que dio vueltas en el aire esparciendo mi sangre en todas las direcciones fue a parar a medio de la vía teniendo aún la fortuna de ser arrollado por una motocicleta que tuvo a bien dejarme vivir con una sola mano. Pero he de ser franco. Durante el tiempo que tardó en llegar la ambulancia, narcotizado por el extremo dolor que ya no me agobiaba pude percibir por un momento que podía morir. Sólo me lo impidió mi nariz. Rota en uno de los múltiples golpes no me dejaba respirar y fue tal la molestia que no me dejó descansar en paz.

(Ursus)

jueves, marzo 02, 2006

¿Por qué nos tiramos al vacío?

Quiero que me duela, aunque sea un poquito. Quiero que me duela para disfrutarte una última vez. Pero no me duele. No me hace mella. Y me desconcierta, y me entristece. Y sin dolor y sin heridas no van a haber nunca cicatrices. Y sin cicatrices nada me recordará que debo dejar de amarte.

(el Kartero)

Impertérrito ante la vida

Las tazas donde nos ahogamos nos observan, a punto de colmarse con las gotas que cuelgan, amenazantes, desde lo alto.

(el Kartero)

Un día más

Vaya, esta noche he soñado que te veía reír, también te oía perfectamente. Y después me he despertado y el día estaba precioso. No significa nada, pero es suficiente.

(Pinzón Azul)

tranquilamente vomitando

Lo he dejado ahí, dentro de ese cuarto. Le están haciendo el dibujo técnico de los latidos de su corazón. A veces lo quiero un poco, a veces lo que quiero es arrancarle la piel de la cara, a veces es solo un ser marchito e inofensivo que ignoro, a veces es toda la rabia del mundo que prefiero no pensar que existe. Mi madre: grande, mágica, sagrada, clarividente y ciega. Él, su tercer marido. Lo veo tan viejo como a mi padre según lo recuerdo. He caído en la cuenta de que los dos habrán durado lo mismo en mi vida. Porque lo que queda de este hombre se esta acabando. Y ahora… mas del doble de tiempo después, repito el mismo papel, como acompañante en las agencias de viaje de la muerte. Su lánguida decadencia ha adquirido un personal tono patético. Las orgullosas composturas de soldadito hace tiempo que fueron cagadas como puro excremento vital después de ser devoradas por las cobardías de la verdadera persona.

(el Futuuuuro)

miércoles, marzo 01, 2006

Llamamiento

Se convoca a todos los colaboradores de este blog, y a cualquier otra persona que pueda adquirir dicha condición en breve, a aportar al mismo textos que puedan considerarse positivos, o al menos que no estén cargados únicamente de negatividad. De lo contrario, visto el tono de las últimas aportaciones, la continuidad del blog se verá en entredicho.

NOTA: El presente llamamiento está dirigido también al abajo firmante. De hecho está dirigido especialmente a él.

(Pinzón Azul)

Otra vez más

Cuántos curriculums se pueden llegar a enviar? Cuántas veces puedo llegar a maldecir estas paredes que ni siquiera son las mías? Acaso tantas veces cómo las que pueda dejar que se me parta el corazón? Más veces de las que eche la culpa de mis miserias a lo que haya leído? Puedo soportar otra ocasión en la que no de la talla como amigo? Y seguir haciendo como que no me doy cuenta de que son ellos, mis amigos, los que pagan mis cuentas a escondidas? Puedo aguantar más tiempo sabiéndome inútil en cuanto a sacudirme la soledad que con demasiada frecuencia me acompaña? Continuaré siendo capaz de engañarme a mí mismo diciendo que el verano llegará y que entonces todo será distinto, mejor? Han sido muchas veces, demasiadas, y puede que esté preparado para una más. Tal vez para unas cuantas. Pero cada vez me siento menos dispuesto a seguir batiendo récords. Quisiera admirarme a mí mismo por otras razones, por auténticos hechos. Y el caso es que no encuentro siquiera el valor para cerrar durante unos pocos días. Así habrá que volver a hacerlo, aunque no tenga nada de heroico, otra vez más.

(Pinzón Azul)

lunes, febrero 27, 2006

Fracaso

Cómo quieres que esa maldita palabra no ronde mi mente? Bastante hago con intentar mantenerla a raya la mayor parte del tiempo.

(Pinzón Azul)

domingo, febrero 26, 2006

Castillo de naipes

La inevitable precariedad del equilibrio de este castillo de naipes. Se ha caído de nuevo, y me pregunto que sentido tiene seguir reconstruyéndolo una y otra vez, si eso vale la pena. Quiero creer que sí.

(Pinzón Azul)

viernes, febrero 24, 2006

Hiperbreve Cariñoso

mmmmmmm

(el Kartero, a g.)

miércoles, febrero 22, 2006

Esquela

Años extraños.

La relación con Eduardo era difícil. Una relación basada en mentiras y secretos. Su hermana, dos años mayor que él, era puta. La casualidad y un apetito sexual desmesurado habían hecho que dedicara parte de las tardes de aquellos años a dar satisfacción sexual a los mozos del pueblo. Hasta aquí todo hubiera sido normal, cómo en tantos pueblos de la época donde cada uno combatía la represión a su manera, pero en este caso sucedió algo de lo que nunca nadie de nosotros volvió a hablar. Todo se precipitó el día en que Bea, que así se llamaba, encendió la luz, quitó el pañuelo con el que escondía su cara el amante misterioso que durante tantas tardes le había dado aquel buen sexo y descubrió a su hermano, que enamorado de siempre, no había dicho nada.

(el Kartero)

martes, febrero 21, 2006

El canto de los Estorninos

Cómo en la peor de las pesadillas ahora estoy aquí sentado sobre esta endeble silla que no deja de amenazarme con precipitarse al suelo a la siguiente sacudida. No se que hora es pues no hay ventanas en este cuarto, pero debo llevar casi un día atado de pies y manos. Con esta mordaza que ahoga mis miedos y con la sangre seca sobre los ojos tan hinchados que casi no me dejan ver. Respiro con mucho esfuerzo, mi nariz debe estar rota. No recuerdo cual fue el último golpe que me dejó de doler pero es como si hiciera una eternidad. Me gustaría desfallecer pero mi cuerpo se resiste. Sólo escucho un profundo zumbido. No sé de la gravedad de mis heridas aunque no sé si importará. No creo que salga de aquí, al menos vivo. Se me hace eterna la espera de mi verdugo. La última vez que estuvo aquí me dijo que mañana, que debe ser ya, vendría a terminar con mi valentía. Lo hizo antes de dejarme sin una oreja. La rebanó como mantequilla con una enorme hoja de acero que me quemaba mientras me cortaba lenta y finamente. Noto claridad, creo que ya es mañana. Aún no me han preguntado nada. No se por qué todo esto. Mi verdugo se acerca. Esta vez creo que trae la muerte en su mano. Tiene forma de gancho afilado. Pero me importa tan poco. Ya no me duele nada. Y están esos pájaros. Y el rocío. Y es una paz tan desasistida.

(Rayo, el Mulo)

El sacerdote

El sacerdote se dirigió con avidez al kiosco cuando el propietario de éste estaba a punto de echar el cierre.
- Vaya, padre, usted por aquí a estas horas. Y cómo es que va tan abrigado, con la tarde tan buena que ha hecho? Bueno, en qué puedo ayudarle?
De nada sirvieron el gabán y el sombrero. Reconocido por uno que nunca pisaba su parroquia. Pensó que la próxima vez iría a otro barrio más alejado, mejor quizás a otra ciudad. Y sin quitar ojo de la revista objeto de su deseo, pidió el diario de la mañana que ya había leído.

(Pinzón Azul)

Teófilo el Sabio

No se si tenía algún otro nombre. Todos lo teníamos aunque luego se nos llamara de otra manera. El caso de Teófilo tenía lo mismo de peculiar que su nombre. Siempre nos decía que se llamaba como un emperador de Bizancio y nosotros nos reíamos diciéndole que ese país no venía en los mapas. Resumiendo, el caso es que el otro día lo encontré en el metro. Treinta años después y casi veinticinco desde que siempre lo quise encontrar para decirle que sí, que su nombre era el de un emperador Bizantino. Ahora no tiene importancia. Teófilo se llama Bélgica y sus grandes pechos no dejan margen a la duda, su nombre si que viene en los libros.

(el Kartero)

lunes, febrero 20, 2006

Puentes (II)

A veces me aburro de construir puentes, y entonces, como hago siempre, me doy un paseo por alguno de ellos hasta la mitad del arco. Pero en vez de pasar al otro lado o regresar, lo que hago es tirarme. Saltar sin cuerda ni medida de protección alguna. Y claro, como esos puentes suelen ser altos, lo normal es que me lastime. Pero son heridas de las siempre me recupero. Hasta que llegue el momento, dada esta pertinaz sequía, que no corra suficiente agua debajo. Entonces sí que la habré fastidiado.

(Pinzón Azul)

Por la Unidad de España

Los pulcritos señoritos del PPito han “montao” con abuelitos un bonito chiringuito enfrente de su garito para pasar un ratito paseando el bigotito, y animando al pueblecito a firmar un panfletito.

.-Huele mal esto – dije, cuando fui preguntado por un joven engominado hasta el tuétano.
.- Es por la Unidad de España – me espetó con un gesto de aviesa convicción.
.- Me suda la polla la Unidad de España – le largué con malintencionada certeza.
.- ¡Yo no le he faltado a usted al respeto! – me increpó, aunque en un tono de exigua seguridad.
.- Escaso margen rindes al diálogo si consideras una falta de respeto la sinceridad de mi respuesta, y nulo aprecio dispensas a la Patria si no eres capaz de comprender que solo con los cojones bien sudados se hace Nación – le sermoneé mientras no le quitaba ojo de su entrepierna.
.- No me malinterprete señor, es que soy nuevo en el partido y no estoy acostumbrado a estas palabras tan fuertes – balbuceó ruborizado por mi insidiosa mirada en su bragueta.
.- Puedo entender tu desazón, pero no alcanzo a comprender como es posible que te empalmes pidiendo firmas por la Unidad de España – le dije, señalando, con confiada naturalidad, al enorme bulto que iba desplazándose a la parte superior de su muslo derecho.
.- Si, bueno, no es por lo de la Unidad de España, es que soy un poco pervertido y lo que me excita de verdad es no hacerlo con mi novia y oler pollas sudadas, me pasa desde que entré en la “Obra” – Me soltó con inquietante confianza.
.- Si es así jovenzuelo has de satisfacer tus inclinaciones sexuales con ardua celeridad. Prende fuego al chiringuito petitorio y vamos a oler pollas sudadas en nombre de la Unidad de España y de San Josemaría.

Una historia basada en hechos Francamente Reales
Vivida y vívida, como ya he dicho, por Vadecráneo

Hiperbreve por encargo.

Me han pedido que escriba algo feliz y después de llevar un rato pensándolo he decidido salir a buscar una nariz de payaso y perdices para el final, para, con su comida, certificar la felicidad. Ahora llevo un rato sentado frente al ordenador y no se me ocurre nada. Si miro de lado veo mi reflejo, con esa enorme bola roja bajo mis ojos, en la pantalla, sobre el espacio en blanco donde debiera escribir. No ha sido suficiente. La próxima vez saldré a comprar unos pañuelos de papel. Así escribiré mientras lloro tus ausencias que es lo que, por desgracia, me hace feliz.

(el Kartero)

El viaje de la equilibrista

Desde pequeña se había subido diariamente a aquel cable con la única finalidad de llegar al otro lado. Había mamado el equilibrio de su madre, una afamada equilibrista polaca casada con un apuesto alemán, trapecista en un pasado y hoy postrado en una silla de ruedas fruto de un momento de lucidez en el aire. La joven sabía por tanto que no debía pensar jamás. Sólo llegar. Supongo que fue por eso que cuando cerraron el circo y salió a la calle, enmudeció y no ha vuelto a hablar. Darse cuenta de que fuera no estaba bien definido donde llegar y que el equilibrio no siempre impediría su caída era algo que no podía asumir. Pero la red, ver que tampoco había red fue al final lo que la hizo caer.

(Rayo, el mulo, a la equilibrista)

Su Sueño Africano.

Con el paso de los años la idea de cruzar el mar fue cobrando importancia en la mente de Juan. Un día, con sus recién cumplida mayoría de edad, se dirigió al varadero, quitó las burras que sujetaban su barca, única y principal herencia de su abuelo, y la dejo deslizar sobre los parales hasta el mar. De un salto subió a ella, terminó de acomodar sus pertenencias e izó la hermosa vela latina que tantas veces la había hecho navegar.
Dos días después, bajo un soleado día de otoño, varó en las playas del cabo Bojador. Por fin África. Al abrigo del faro había una aldea abandonada y en ella estuvo casi dos semanas antes de que la curiosidad le pudiera y emprendiera viaje al sur; a la sabana.
Cinco años más tarde regresó, por el norte, a Bojador sin haber encontrado a nadie. Su barca, guardada bajo el faro, seguía intacta. Fue entonces cuando se dio cuenta de que al soñar su viaje, no había incluido a nadie, ni viento con el que regresar. Tan sólo había imaginado aquella brisa suave del norte que lo alejara de las Canarias. Fue entonces cuando se dio cuenta de que necesitaría media vida para soñar cómo regresar. Pero había tanta paz.

(el Kartero)

domingo, febrero 19, 2006

El día en que me muera

El día en que me muera, que será algún día de estos, no me voy a llevar nada que no pueda pensar o sentir en el proceso de muerte en sí. El día en que me muera evitaré pensar en lo inútil de los sinsentidos pues ni siquiera eso, un último pensamiento, nos habrán aportado. El día en que me muera, si esta no me aniquila por sorpresa y me deja saborearla y morirme excitado con el momento más melancólico de cuantos puedan existir, voy a pensar en cómo crecí, en los amores que amé al descubierto, y en los escondidos también, en los amigos, en las amigas, en el aire de los montes, en los barcos sobre el horizonte, en las charlas, en los grises de mis fotos, en las lecturas de mis textos, en los aprecios a los otros, en los aprecios de los otros, en las pieles del sexo, en los olores del sexo, en los orgasmos del sexo y en mis chicos, que llorarán mi muerte pensando, igual, que me voy triste.

(el Kartero)

sábado, febrero 18, 2006

Caprichos

-No, cógelo tú.
-Es igual. De verdad.
-No, en serio. Sólo estaba ojeando.
-Pues hacemos una cosa. Me das tu dirección y cuando lo lea te lo envío.
-¿Y un email? ¿Te vale un email?
-Me vale.
Básicamente esa fue la conversación, pero cómo todas las historias que no son casuales tienen una pasado bien definido y un futuro bien incierto.
El pasado sucedió cinco minutos antes cuando, mientras buscaba libros entre una columna con más de treinta títulos apilados, alcé la cabeza y la vi entrar. Melena corta, cara joven, alta y delgada, una falda larga de color verde y un fino suéter que dejaba ver sus hombros. Del cuello y hacia un lado se le perdía un gran tatuaje verde y rojo que se adentraba en su espalda. Se dirigió directamente a la sección de poesía, su cara angelical y sus gustos literarios no hicieron más que avivar mi curiosidad.
El futuro, que aún no ha sucedido, se ha visto reactivado al entrar en un bar:
-¿Qué le pongo?
-Hola.
-Vaya, que casualidad.
-Si.

(el Kartero)

Contrabando

La línea. Cádiz. Año sesenta y ocho. Un joven, como cada mañana, subido en una bicicleta y con un saco de serrín se dispone a cruzar al peñón. El mismo sargento de la Guardia Civil de cada día lo para. Le revisa el saco. Lo pincha esperando encontrar algo. Se conocen de todos los días. Él sabe que el chaval hace contrabando pero no acierta a adivinar con que. El joven le dice que simplemente lleva el serrín para el bar inglés donde trabaja durante todo el día.
La línea. Cádiz. Año sesenta y nueve. Mañana se casa la hija del sargento. Hoy hará jornada doble. Cómo cada mañana, el chaval de la bici y el saco de serrín son los primeros en cruzar. Procedimiento de todos los días. Varilla que se clava en el saco y no tropieza con nada. Miradas sospechosas. Es ya algo personal entre los dos. Doce horas después. Quince minutos para cerrar la verja. De pronto un chaval distraído que mira sus pasos al caminar regresa del otro lado. El Guardia civil se le pone delante. Le corta el paso. El joven levanta la vista. Se miran. Sonríen a la vez. Uno por haberlo descubierto al fin y el otro por que este se diera cuenta de la grandeza de su proeza durante casi dos años.

(Rayo, el Mulo)

viernes, febrero 17, 2006

Dinero tirado

De chiquillo tenía la extraña manía de tirar monedas a la basura. Casi siempre perras chicas o gordas, de vez en cuando algún real y alguna vez incluso media peseta. He terminado por preguntarme cuanto dinero habré dejado perder así y cuanto valdría hoy. Pero aunque fuera una fortuna no serviría para comprar ciertas cosas.

(Don Bartolo)

Cuadernos de avión. El piloto

De pronto los motores rugieron como si pararan el aire. Comenzamos a caer mientras girábamos, se encendieron todas las luces, las azafatas se aseguraron y vi los primeros edificios bajo las alas. En un abrir y cerrar de ojos noté cómo bajo mi asiento se liberaban las ruedas sedientas de suelo y reconocí, a través del cristal, que habíamos regresado al aeropuerto de partida. Detenidos en medio de la pista con las hélices aun girando salió el piloto de su cabina, bajó por la escalerilla y observé desde la misma ventanilla cómo corría en busca de una mujer que parada en medio de la nada le entregaba mientras se besaban algo entre la mano. Ya dentro del avión, con las puertas cerradas y al tiempo que se colocaba aquel objeto recuperado en la chaqueta a modo de broche nos dijo: - Hemos estado muy cerca, estábamos volando sin mis alas.

(Rayo el mulo)

Mas frío que el esparto

Me tiro por el primer precipicio que encuentro. No es muy difícil encontrar precipicios en esta vida, ni que estos me encuentren, aunque me esconda. A menudo sólo puedo ocultarme dentro de uno… yo. Aún no se como vivir, de que moral vestirme, ni como hacerlo. Aún soy un niño torpe que no sabe atarse los cordones del espíritu. Corro con las ligas sueltas, tropezándome y cayéndome. Me basta la mínima protección y no necesito asegurarme de ella, sólo tenerla por el momento. Era falso, tengo demasiados cordones, están atados alrededor de mí. No corro, me revuelvo, me agito, soy un desesperado animal salvaje intentando escapar de una trampa complicada, desconocida y oscura. Tengo miedo, rabia e impotencia. Tampoco es verdad. No corro, no estoy atrapado… me arrastro. Cargo mucho peso. Soy un cristo de la pasión sin cruz y sin fe, pero con una gigantesca nube de espinas comprimida dentro de la cabeza. Así que voy a tener que infligirme un gran golpe para partir en dos esta dura cáscara. Lo bueno es que al igual que le pasaba al viejo Jesús, mi espíritu cojo no tiene que atarse los cordones, mas bien anda sobre cholas de esparto.

(El Futuuuuro)

Air Mail. Nuestras Actitudes.

No sabemos exactamente cuando todo dejó de ser como era y empezó a ser como terminó. No tenemos constancia de haber cambiado y sin embargo si que os recordamos, impasibles, mirándonos a los ojos sin gesticular palabra, como si sólo de nosotras dependiera buscar la explicación.

(El Kartero, a vosotras)

Air Mail. Vuestros Reproches

Si tenéis ganas de llorar no penséis en nosotros. Esos signos de fragilidad nos hubieran bastado cuando nos vendíais vuestros reproches, sin embargo hoy, no hacen más que alejarnos, buscando, sin sentido, la redención en otro amor.

(El Kartero, a nosotros)

No lo encuentro

Tú allí y yo acá. Tú agarrándote a una simulación de felicidad y yo viendo pasar los días sin pena ni gloria. Debería haber un punto donde pudiéramos coincidir los dos, y sin embargo no lo encuentro. Quizás porque soy yo el que busco.

(Pinzón Azul)

La prudencia

La prudencia suele tenerse como una de las más alabadas virtudes. Pero ocurre con frecuencia que en realidad es un eufemismo para referirse a la cobardía, el más despreciable de los defectos.

(Pinzón Azul)

Historia de un viaje

Mi casa, mi otra casa, la que me regresa a un presente que ya no me pertenece no dista de mí mucho más de media hora. Acudo a ella varias veces al año y sin embargo siempre que lo hago me empieza este hormigueo que me come. Creo que es por eso por lo que me suelo ir siempre en el último momento, desprevenido, por sorpresa. Excepto esta vez. He aceptado planearlo y ahora me veo sólo, con demasiado tiempo para pensar cómo la Isla de mi infancia espera agazapada en cada esquina para tirarme dardos cargados de pasado.

(el Kartero)

jueves, febrero 16, 2006

Cuento

Cuando alguien llamó abulia a mi desgana, solo entonces, dejé de tener cuento.

(alma)

Alumno y profesor

Fuera de la escuela no hay alumnos ni profesores. O mejor dicho, todos podemos asumir indistintamente ambos roles. Hay un caso evidente: que de un paso adelante quien afirme que nada aprendió de aquella persona que tuvo por pareja. Miente.

(Pinzón Azul)

Anuncio por palabras

Volar. Aunque uno lo haga con frecuencia tiene una diferencia con respecto a otros transportes, una diferencia obvia pero que se convierte en trascendental. Levantar los pies del suelo, irse y volver. Sobre todo volver. Llevo volviendo toda la vida y nunca nadie me ha ido a recoger al aeropuerto. Así que he decidido poner este anuncio. VUELVO los MIERCOLES, me AGRADARIA que alguien fuera a RECOGERME y me JURARA AMOR ETERNO. También me vale sin jurar, incluso sin aspiraciones eternas,… bueno, y el amor tampoco es necesario. Acepto que me recojan, una y otra vez, una y otra vez.

(el Kartero)

Mis pequeñas cosas

Leyendo una enciclopedia me he dado cuenta de que nunca he dividido mis necesidades por categorías. Así que he cogido un papel, he trazado una línea vertical y he escrito en lo alto Necesidades Primarias y Otras Necesidades. Luego, bastante rato después, me he dado cuenta de que no había escrito nada. Me había quedado paralizado pensando donde colocarte. La duda me había surgido al pensar, que si bien eres lo primero que necesito nada más levantarme, también te necesito luego, en otros momentos. Vamos, que eres mi necesidad primaria y también mis otras necesidades.

(el Kartero)

Un Cura Genial

El párroco, que había amado a María antes que a Dios, que recibía cada verano a su sobrino en casa, que había tallado un cuerpo para el cristo vestido y que se tapaba los oídos al confesar, fue requerido un día, mientras barría la sacristía, por el Señor. Lo llamó a la capilla, desclavose de la cruz, sentose sobre el altar y mirándole fijamente a los ojos con esa mirada con la que sólo se espera aprobación le dijo: ¿qué vas a hacer, sigues con nosotros o te buscas otra cosa?
Años más tarde me dijo un vecino que habían montado, cerca del pueblo, un bar. El párroco y Dios.

(Rayo, el Mulo)

miércoles, febrero 15, 2006

Todo

Todo lo que en mi refiere a ti, duele.

(alma)

Sonrisa

En realidad una sonrisa no es nada sin el rostro que la contiene, y cada rostro es personal e intransferible.

(Pinzón Azul)

Air Mail. Historia Natural.

La naturaleza tiene una ansiedad terrible por buscar el equilibrio, por estar en un estado de entropía mínima. Las piedras que tiramos las deposita en el suelo por este hecho; la gravedad no es más que un efecto colateral. Y dado que todo lo entiendo así, sólo me basta encontrar el punto, el eje, desde el cual tú y yo seamos simétricos, para fluir, en armonía, con la madre naturaleza.

(el Kartero)

Cuadernos de Avión. Chutes de vida.

Afirmar que vivimos en un país de yonkis me obliga a matizar en los tiempos en que vivimos el concepto de país, por lo tanto lo dejaremos en mundo de yonkis, yonkis del caballo, del dinero, de la moda, del juego, del arte, de lo confundible e inconfundible, de la política, de la música, de los horóscopos, del amor y de la melancolía. Porque a la melancolía también nos enganchamos y lo hacemos, sin miramientos, una forma de vida.

(Rayo, el Mulo, a r.)

martes, febrero 14, 2006

Llegará

He estado poniendo todo de mi parte para que mañana empiece el verano, pero parece que no va a ser así. Paciencia.

(Pinzón Azul)

Catorce días de febrero

El día de San Valentín, que diría nuestro compañero Vadecráneo, lo inventó el Corte Inglés. No obstante tampoco hay que hacerle mucho caso, o si, pues en alguna ocasión le ha achacado la invención de las navidades a otra importante cadena comercial. Sea de la manera que fuera hay algo que está claro; hoy es el día en que unos o unas regalan a otras u otros ese interesado regalo que a pies juntillas, o no, creen les reafirma en su amor. Pero también es el día en que los otros u otras, llevados por la inconformidad también reafirman su amor, mostrando, con el silencio, su condición de amor alternativo. Sea cómo fuere lo que está claro es que el que no se consuela es porque no quiere.

(Rayo, el Mulo)

Amor en un Bar

Una barra de un bar. Apenas tres metros separan nuestras copas. Tres metros ocupados por tus otras vidas, por mis otras vidas y por un sinfín de miradas que se convierten en sospechas nada más son pensadas. Tres metros insalvables cuando los miedos te atan a un taburete.

(el Kartero)

lunes, febrero 13, 2006

El túnel

El túnel sigue aventajado al puente en un matiz determinante; la intimidad.

(Rayo, el mulo)

Ideas

Se habían ordenado por colores; ellas solas. Ha sido llegar a mi teclado y encontrarlas todas juntas esperando a ser publicadas. Son tantas que podría hacer una procesión, llamar a la banda y con paso firme y decidido acompañarlas hasta lo alto del limbo, si es que el limbo tiene alto, y ver como se difuminan nada más ser recordadas.

(el Kartero)

sábado, febrero 11, 2006

La mujer y el Violón del Cielo

Siempre he pensado que no pude ser casual tocar un violonchelo. La forma de abrazarlo, de sentirlo entre los muslos, de apoyar la cara casi en el mástil y de mover con suavidad el arco que ha de arrancarle los sonidos me parece que ha de crear una relación entre la chelista y el instrumento casi mística. Y qué se dirán, qué se dirán con ese pizzicato.

(El Kartero)

Surgió del frío

Una gran tienda en una ciudad donde descubrí los rostros de la felicidad. Bajas algunos peldaños de la escalera, te saludan cariñosamente y comienzas a cantar. Tu melena rubia, la increíble claridad de tus ojos. La calidez de tus perfectas melodías saliendo de las guitarras. Y esa voz, basta escucharla y ya es imposible no desear hacerte el amor.

(Pinzón Azul, a L.M.)

Hiperbreve Negro

Le bajó la otra mano hasta ponerla a la altura de sus riñones. Un nítido e instantáneo clic la dejó a merced de los grilletes, de un decidido golpe a la altura se sus tobillos la separó de piernas y momentos después ya le tocaba, con firmeza, cada centímetro de su piel. Al palpar sus nalgas introdujo su mano en un bolsillo y al tiempo que la sacaba, acercado a su oído le decía: -Se te va a caer el pelo, muñeca. ¿Para quién son estas papelinas?

(el Kartero)

viernes, febrero 10, 2006

El lápiz

El lápiz, que tenía toda la pinta de haber estado la noche entera escribiendo, casi sin punta y agobiado de plasmar los rodeos que el joven le indicaba, levitó sobre la mesa, se lanzó hacia la puerta, cruzó el pasillo, entro en su oficina y escribió en la pared: Te amo Laura, te amo con locura, pero te amo yo, su lápiz, cansado de tanta mesura.

(el Kartero)

jueves, febrero 09, 2006

Castigo divino

El profeta, castigado a la inmortalidad por el mismo Dios al que osó desvelar, pasó el resto de sus días viendo cómo ni tan siquiera uno de sus vaticinios era cumplido.

(Rayo, el Mulo)

Decisión equina

El caballo, que era más bayo que ruano, permanecía inmóvil, sujeto aún por las riendas a las manos del malherido caucho. Un pequeño erizo había desatado el fatal desenlace y ahora se debatía entre esperar a la muerte del amo o de una coz, en la cara, terminar con su lamento.

(Rayo, el Mulo)

Su sonrisa

La chica, morena y menuda, se acercó al número cincuenta y uno de la calle Lagasca, miró a ambas partes, volvió a comprobar el cartel del local y entró. -Vengo a dejar mi sonrisa. Cuanto me da por ella , le preguntó al señor, que serio, tras la vidriera, le respondió: Siento decirle jovencita, que su sonrisa dejó de tener interés en el mismo momento que decidió venderla.

(el Kartero, a m.)

En el corazón de Africa

El mayor no debía tener más de quince años y allí estaban, sucios, temblorosos y empapados bajo una lluvia torrencial que parecía lavar sus pecados.
Enfrente, yo, atado de pies y manos a un fino y erguido tronco seco, con el pañuelo que había decidido no ocultarme mi muerte caído sobre mi cuello.
El agua, que no podían secar mis manos, me dejaban entrever los fusiles en alto, apuntándome como culpable, lejos de los míos, en aquella olvidada guerra africana.
Una sola de las balas vino a matarme y entró con tanto fuego en mi pecho que sentí como ardían mis entrañas y mis rodillas clavarse en el fango y sus ojos, recuerdo sus ojos, cómo me miraban asustados por haberme matado.

(Rayo, el Mulo)

miércoles, febrero 08, 2006

Los cuentos también envejecen (X)

-Aunque pasará a formar parte de la sangrante lista de fallecidas y fallecidos bajo la denominada violencia doméstica o de género este caso tiene, por su anonimato presente, y su importancia pasada otra lectura.
Así comenzaba el telediario de esta mañana. Bajé la música, subí el volumen y alcancé a oir que él, el ahora olvidado Sultán Schariar había envenenado a Scherezade para luego ahorcarse desde el gancho de las macetas. Vivían en el barrio de Chueca; madrileños sin papeles. Cuentan que no se hablaban desde hacía años, desde que ella lo cautivo con las mil y una historias que la salvaron de la muerte. Cuentan que el Sultán, arruinado y humillado no pudo soportar más ese silencio.

(el Kartero)

Helianthus annus L. Revolutio

La historia del girasol que dio la espalda al amanecer no hubiera salido a la luz si éste, testarudo, no hubiera arrancado sus raíces del suelo. Lejos de marchitarse, instó a todos sus congéneres a mirar al norte, cruzarse de ramas y esperar a que el Sol, vencido, admitiera que su movimiento, debía ser pactado.

(el Kartero)

Las noches que me inventé

Cuando reapareces en mis recuerdos necesito borrarte inmediatamente, es tan grande el daño que tu ausencia me sigue haciendo. Y aunque nadie puede ofrecerme ni una ínfima parte de lo que tú me diste, no reparo en buscar consuelo en un cuerpo desconocido. Tomo prestados besos que me aplacan, gozo. Luego vuelves a mi memoria y sé que no puedo hacer como si nada hubiese pasado.

(Pinzón Azul, basado en una canción de igual título)

Las historias que me encuentro

El hombre, que a todas luces era político, cogió el periódico, lo dobló por la mitad al mismo tiempo que observó por si alguien lo miraba y comenzó a leer. Su rostro se volvió serio, sus mejillas enrojecieron y en un discreto y hábil movimiento aflojó el nudo de su corbata. Ya dentro del avión, y habiendo observado detalladamente todos sus movimientos, pedí el diario, lo doble de la misma manera y comencé a leer donde venía su foto. Mi semblante enmudeció y un frío sudor recorrió mi espalda; por suerte viajo sin corbata.

(Rayo, el Mulo)

martes, febrero 07, 2006

Penumbra

El silencio era absoluto. Tan sólo un tímido rayo de luz, que se colaba entre las bisagras, creaba una cálida penumbra que dejaba ver las diminutas motas de polvo agitadas tras mi entrada. Sin embargo, no hube teminado de pronunciar su nombre, cuando un nítido centelleo dio comienzo a la explosión, en mil pedazos, de su corazón. Lo tenía helado, duro cómo el acero, y yo no había sabido templar el timbre de mi voz.

(el Kartero)

Puentes

Levanto puentes. De momento no tengo otra cosa que hacer, y nada que perder. Así que construyo puentes, con la esperanza de que algún día cruce alguno en dirección al otro lado del barranco, y encuentre allí un buen lugar donde asentarme. Por ahora sólo doy paseos hasta la mitad del arco, pero siempre termino por regresar.

(Pinzón Azul)

Hiperbreves Perros

El perro, que era todo lo inteligente que un perro podía ser, se acercó a su amo, lo miró de arriba abajo, y le ladró una vez; un ladrido ronco y corto. Le podía haber ladrado mucho más, pero el can, que era todo lo inteligente que un can podía ser, sabía que eso no hubiera cambiado nada.

(el Kartero)

Globalización Mental

Hoy he desayunado un sandwich americano, a media mañana, sin tiempo, comí una tapa de ensaladilla rusa y al llegar a casa, más tarde que de costumbre, sólo pude hacerme una tortilla francesa. Cómo cojones quieres que no me cabree si ahora me vienes con ese cuento chino.

(Rayo, el mulo)

Hiperbreve secreto

Chien chise chiñar chiel chilen chigua chije chise chicre chito chide chila chiin chifan chicia chia chimi chire chito chiño chime chiha chiabs chitraí chido chia chilos chiseis chia chiños. Chiy chisien chito chique chime chide chijé chitan chitas chico chisas chia chillí chique chia chive chices chime chia chipe chite chice chiría chivol chiver chiaun chique chisó chilo chifue chira chiun chira chiti chito.

(chiel chiKar chite chiro)

lunes, febrero 06, 2006

Los cuentos también envejecen (IX)

No pudo soportar la ausencia de su madre desde tan temprana edad. Convertido en un saco de huesos indefenso y desamparado por la cruel y equilibrada ley natural no aguantó más de una semana, y fue a parar, sin remedio, a las garras del tigre, para el que el nombre de Bambi no era motivo de ayuno.

(el Kartero)

Bacio

Mi fa male quest'indecisione, questo corpo qua e quest'anima altrove; oggi da te, domani chi lo sa dove. Mi fa bene una tua carezza, il gelato che mi offri. Vorrei immaginarti nuda ma non ci riesco. Con questi spiccioli non posso risolvere niente. Ci vuole coraggio, non è facile, ma un bacio può cambiare tutto.

(Fringuello Azzurro)

Diálogos en voz alta (I)

¿Cómo curiosear, sin que lo sepas, tus libros, donde las palabras subrayadas me hablan de ti?

(Rayo, el Mulo)

Hiperbreves en la almohada

Tengo la sensación de haber pasado parte de la noche charlando contigo. Imposible, porque en ningún momento he percibido tu olor. Aún así te veo, buscando en un diccionario palabras neutras que te hagan pasar, de puntillas, sobre esta situación.

(el Kartero)

domingo, febrero 05, 2006

Vacío

No hace tanto de las risas, de las copas, de las piezas que bailé y de las fotos que más tarde me harán recordar detalles que quedaron velados. Atrás quedó el sexo que tuve en mis manos o quizás en mi cabeza, que eso es lo de menos. Ahora saco las llaves mientras llego al portal y todo es soledad, el vacío más absoluto. Así deambulo por el mundo, poniendo parches a lo incompleto, echando de menos un cariño que ya no vive aquí.

(Pinzón Azul)

Roma

Paradójico es que el destino nos haya hecho reencontrarnos en esta ciudad tan lejana de nuestra tierra, la misma que anhelábamos visitar juntos y nunca pudimos. Pero ahora ya es tarde, tú no me podrás mostrar las callejuelas de Trastevere y yo no seré capaz de escribir un guión que recoja nuestra historia.

(Pinzón Azul)

De copas

Con un click se apagó la luz. Atrás quedó arropada en su cama, descansando las copas que marcaban el comienzo de una nueva etapa; tan amplia como quisiera.

(el Kartero)

El orden de las cosas

Conviene recordar que si embarcáramos en el Pequod en busca de la Ballena Blanca deberíamos tener en cuenta que el arpón, el que fuera clavado sobre Moby Dick, siempre saldría de las manos del capitán Ahab.

(Rayo, el Mulo)

Tendencias de Oriente

Las caras de los asistentes al escuchar las palabras de aquel hombre de tez morena llegado de la India resultaban caricaturas de una sociedad que no le prestaría mayor importancia a semejante discurso si proviniera del vecino de arriba.

(el Kartero)

viernes, febrero 03, 2006

La vida secreta de la soledad

El retrato de soledad y dolor íntimo de Coixet. Yo sola ante una pantalla enorme y un sinfín de butacas vacías. Fuí protagonista del retrato. No dolió.
(alma)

Treinta y poquísimos

Suponiendo que vivas noventa, esta noche terminas un tercio de tu vida para comenzar el siguiente, el bueno, el estable; Suponiendo que vivas sesenta, esta noche llegas al meridiano cero, al que lo divide todo en dos, el que te da acceso, inexorablemente, al final de tus días y suponiendo que vivas treinta y uno, esta noche se acabaron los simulacros, los cambios de rumbos, las esperanzas.
¿Y si piensas esto último y lo prolongas hasta el último de tus cumpleaños?

(el Kartero, felicidades Alma)

Extranjeros

Disfruta de tu cerrilismo. Señala al diferente. No permitas que nadie altere tus sagradas costumbres. Vela por la pureza de la estirpe. Laméntate, quéjate, eres la víctima y no debes dejar de quejarte. Y si los acentos que escuchas no te gustan, no te quedes cruzado de brazos. Si tienes que golpear, hazlo.

(Pinzón Azul)

Desde el extremo de la mesa

Desde el extremo de la mesa, donde apuraba la última tostada, sentí un escalofrío cuando aquella ráfaga cerró la puerta y tras ella, un almanaque envolvía el día de hoy en un círculo rojo. Después de ese circulo todos los demás días se habían borrado. No aparecían. Nunca me lo había imaginado así. Sin prisas seguí saboreando aquella tostada. Luego, no falto de temor, me levanté y abrí la puerta.

(el Kartero)

Hiperbreve Western

Cabalgando hasta el amanecer, la noche, que era ciega, propinó con una piedra del camino tal golpe en una pata de mi montura que con ella rota y cómo siempre se había hecho en los cines, cargué mi rifle, apunté a su cabeza y llegué caminando, silla al hombro, a un montículo que me dejó ver, helado de frío, salir el sol que me mataría de sed en aquel desierto.

(Rayo, el Mulo)

miércoles, febrero 01, 2006

El hombre del bar

Sus ojos, que miran desde otro lado, se entreabren en mirada cauta protegidos por esas almohadas donde reposan. De ceño fruncido y prominentes cejas que se agolpan en pico dotando su mirada de expresión única e inequívoca. Una barba algo más blanca que su despeinado pelo, corta, poblada y descuidada tapa todas las demás arrugas que tiene su cara. Y su boca; su boca entreabierta y curvada aún busca las palabras para decirme porqué mi foto me parecía digna de su cara.

(Rayo, el Mulo)

Susceptible

Muchas putadas tiene que haberte hecho la vida para que te tomes tan mal un comentario tan inocente. Lo siento de verdad, sé que no es fácil, pero la próxima vez piénsatelo un poco antes de reaccionar, y ten en cuenta la paciencia que una gran mayoría tenemos contigo.

(Pinzón Azul)

Días Nublados

Veo su cara hundida entre la flácida bolsa que ahora es su airbag. No se mueve. Oigo ruidos. No distingo las palabras, me dicen algo pero no los entiendo. El día esta nublado, como siempre que me he visto envuelto en una cosa de estas. Algo caliente baja por mi cara. Creo que mis oídos sangran. Los noto húmedos. Está oscureciendo. Es extraño. Juraría que salimos de día. Estoy cansado. No recuerdo que tenía que hacer luego. Tengo hambre. Hambre y sueño. El sonido de la pita, antes desalentador, se oye cada vez más lejos.

(El Kartero)

martes, enero 31, 2006

Las veces que no me he escapado

Aún hoy, después de tantos años, recuerdo perfectamente el olor de su pelo y la sensación tan placentera de tenerlo ante mi cara. La sigo viendo montada sobre la barra de mi bici mientras pedaleaba lejos de los quehaceres dominicales. El haber ido a buscarla durante tanto tiempo a su casa de camino hacia la iglesia nos había hecho ir planeando en silencio la gran escapada.. Aún hoy, después de tantos años, sigo queriendo escaparme de mis obligaciones llevando el deseo en la barra de mi bici.

(el Kartero, traducción al castellano de un pensamiento en italiano)

lunes, enero 30, 2006

Moderado

Soy tan asquerosamente moderado que es muy difícil saber que me pasa. No me gusta lamentarme ni tampoco dejar entrever mis necesidades, que son básicamente las mismas de todo ser humano. Echo de menos lo que estuve a punto de alcanzar y lloro cuando no veo la salida. Pero supongo que esa moderación que tanto me limita es la misma que consigue que no me vuelva loco aunque me sobren razones para ello. Y la que me impide darle una paliza a un cura aunque el muy hijoputa se la merezca. La que me ayuda siempre a encontrar nuevos caminos aunque sean los más largos. Maldita mesura, me restringe y no puedo vivir sin ella.

(Pinzón Azul)

Con la que yo me quedaría

Los hay que buscan a la que vuela. Los hay que buscan a la que los amen. Otros a la que los entiendan. A la que los cuiden, a la que los esperen, … Si embargo yo creo que me quedaría con la que me siguiera. Con la que me siguiera, al menos, hasta el fin de “su mundo”. Con esa y no con otra me quedaría.

(el Kartero)

Rosario

Rosario, que nació con cuerpo de hombre, se vio abocada, sin remedio, a una vida de excentricidad. Aun así, creo que supo vivir con absoluta dignidad dentro de un mundo donde demostrar la equivocación de la naturaleza para con su persona se convirtió en su única razón de ser. Me quedo, ante todo, con su mirada, con lo que la cámara consiguió arrancar de ella al penetrar en sus ojos. Sus trapos, sus joyas y sus argumentos sólo definían al hombre que se adhería a su mente.

(Rayo, el mulo)

La vida del Aguililla.

Cómo cada tarde, desde no se cuando, el Aguililla se posó en la punta de su pino y dio por finalizada la jornada. Cómo cada tarde, desde aquella misma tarde, me senté en mi banco, coloqué los pies en alto, sobre la barandilla, compartí algo de chocolate, y palabras, y di mi escapada por finalizada. Hoy me he acordado del Aguililla. Y del chocolate que nunca sabe igual. Y cómo no, de las palabras.

(el Kartero)

domingo, enero 29, 2006

Regalo soñado

Siempre he sido un hombre escéptico, pero hubo un día concreto en mi juventud en el que creí en Dios. Y eso fue porque la noche anterior tuve un sueño maravilloso. Más que soñar aún me atrevo a decir que viví mientras dormía eso que tanto anhelaba pero que sabía perfectamente que era imposible. Fue un regalo del cielo.

(Don Bartolo)

Libertad de expresión

La tenemos y de tan hechos que estamos a ella no sabemos valorarla. Imaginemos que podría ocurrir en una España autoritaria, si a un autor se le ocurriese escribir un cuento en el que el rey Juan Carlos se divorcia de su mujer y se casa con Berlusconi. Las consecuencias para el escritor serían muy graves.

(Pinzón Azul)

Los cuentos también envejecen (VIII)

El País de Nunca Jamás terminó sucumbiendo, años despué, a la globalización generalizada. Y cómo no podía ser de otra manera todo se adecuó a los nuevos tiempos y la ley del menor fue implacable con Peter Pan. Cuatro años de internamiento fueron suficientes para terminar con su infantil actitud. Lo de Campanillas bien podría dar para otra historia.

(el Kartero)

sábado, enero 28, 2006

Las veces que te he mirado

Cuando he ido a darme cuenta creo que llevaba ya varios minutos. Incluso alguno más. Hacía rato que no pasaba ninguna nueva página. Incluso creo que no era capaz de recordar lo que había leído un momento antes. Cuando he ido a darme cuenta ya me mirabas tú con cara de pregunta. Pregunta sin respuesta, desde luego, como tantas veces que miraba buscando que quedara algo.

(Rayo el Mulo)

Los cuentos también envejecen (VII)

De pronto los militares los mandaron a parar. La tensión podía cortar el aire. Les iba a ser muy complicado entrar en Israel. Varios soldados quitaron las lonas que cubrían los camiones. Inspeccionaron las tinajas y decidieron apartarles a un lado. Un teniente joven pidió los papeles a Ali Baba. Entró en la garita y acto seguido ordenó volver a registrar las tinajas. Horas más tarde, un autobús penitenciario salía de allí con Ali y los cuarenta ladrones. No volvimos a saber nada de ellos, la ley antiterrorista permitía encerrarles por tiempo indefinido sin cargos aparentes.

(el Kartero)

viernes, enero 27, 2006

Espiritu suicida

He estado a punto de matarme. Pero de matarme porque quería vamos. Cómo iba yo a saber que el árbol del fondo del barranco iba a detener mi muerte. El caso es que ahora estoy aquí acostado, sin poder moverme, todo destrozado, en este hospital. Y el médico se empeña en que yo no puedo firmarle la hoja donde lo eximo de toda responsabilidad si muero en el quirófano. Dice que no le gusta mi sonrisa, que no soy del todo objetivo en mi decisión. En fin, nos han jodido.

(Rayo, el Mulo)

Onírica

Un supermercado en una ciudad del norte que no conozco, unas botellas de agua que no beberé. Una chica guapísima que sonríe con su torso desnudo. La salida da a un parque temático de la crueldad, y camino por una calle que lleva el nombre de mi ciudad, descalzo. Luego empiezo a correr, y saco fotos a un gato negro.

(Pinzón Azul)

Pasajeros al tren

Tengo la extraña sensación de haber llegado tarde a esta parte de la vida. Es cómo cuando se entra en el cine pasado un rato y lo que vemos nos sabe a poco. También tengo la no menos extraña sensación de que las ausencias se irán reponiendo con otras presencias. Es cómo si el devenir de los acontecimientos estuviera influenciado por cierta armonía macabra que te da y te quita. Que te da y te quita.

(el Kartero)

jueves, enero 26, 2006

Mis papeles

Sin una excusa de más terminó de hablar. Puso los papeles, mis papeles, sobre el mostrador. Apagó el cigarrillo apretujándolo contra el cenicero y se levantó. –Imposible. Respondió con voz suave y condescendiente. –Se le puede dar una identidad nueva pero recuperar la anterior va a ser imposible. Ha desaparecido usted para la administración. Y ahí terminaba y empezaba para mí la vida. Y todo por haberme equivocado al tramitar el fallecimiento de mi padre, que curiosamente se llamaba igual que yo. Pero igual con los dos apellidos, me refiero.

(Rayo, el Mulo)

miércoles, enero 25, 2006

Las circunstancias

Yo, como Coetzee en su Juventud, espero a que se den las circunstancias que me lleven a escribir el texto de mi vida.
Mis circunstancias son una ventana al verde y todo el tiempo del mundo para mirar por ella. He pensado que voy a ir practicando no vaya a ser que llegue la ventana y yo aún no haya aprendido a escribir.

(alma)

Tecnología (II)

El texto ya está en la pantalla, he medido cada una de las palabras con tanto cuidado que ya debo tener en mi cerebro el diccionario de la Real Academia al completo. Ahora sólo me hace falta algo que ninguna máquina proporciona, el valor para pulsar el botón que activa la función "Enviar".

(Pinzón Azul)

Los cuentos también envejecen (VI)

Las reconversiones mineras habían hecho estragos en el valle. El bajo coste de la producción en otras regiones había sido el detonante de todo. Y ahora, sin la facilidad de antaño para traer la comida a casa, los siete enanitos estaban allí sentados, a la mesa, vacía, mirando fijamente a Blanca Nieves para ver si de alguna manera comprendía que ya no era posible alojarla, por más tiempo, en aquella guarida.

(el Kartero)

Cuando el sonido quiso cambiar la velocidad a la luz

-¿Y esto es siempre así?, tan oscuro. Le dijo el sonido a la luz.
-Es que ahora nunca llego a tiempo a los lugares donde suenas. Respondió ésta.

(rayo, el Mulo)

Tecnología

Me pasé horas buscando el papel donde tenía anotado tu número, y terminé por perder toda esperanza de encontrarlo. Y todo porque esa hoja nunca existió. En realidad tu móvil venía en un email que recibí hace ya bastantes meses. Pero es que estoy tan hecho a los hábitos de toda la vida que doy por sucedido lo que siempre fue habitual.

(Pinzón Azul)

martes, enero 24, 2006

Desafio

Quiero agarrarte con fuerza, puño cerrado, sacarte de mi pecho y sentarte a mi lado. Quiero mirarte a los ojos, Ansiedad.

(alma)

Nuestro hiperbreve más personal

Me gusta cómo suena mi nombre en sus labios. Me encanta que me observen cuando no los miro. Me fascina verlos levantar los brazos para que los coja. Pero sobre todo, y esto es lo más indescriptible, me tranquiliza que me ignoren cuando juegan. Si no necesitan de mi se que es porque me tienen.

(El kartero y Rayo, el mulo, de acuerdo en algo)

Hiperbreve austral

Treinta grados bajo cero. Cuatro días de camino. Hielo y solo hielo alrededor. Desde ayer por la mañana no he hablado con mi compañero. Seguimos juntos, caminando, sin nada que decirnos, por este mar helado. De pronto, entre tanto blanco una piedra. Pequeña y negra. Muy negra. Sobre el hielo. Miramos, sin pensarlo, hacia el cielo. Nos miramos. Sonreímos. Damos un rodeo. Cuatro días de camino. Treinta grados bajo cero.

(Rayo, el Mulo)

Mis últimos días a tu lado.

Se me encharcan los pulmones. Siento como me queda cada vez menos espacio en el que respirar. Una extraña fuerza me oprime el cráneo. De dentro hacia fuera. Mis manos no responden, los labios, que intentan gesticular palabras, se vuelven torpes. Mi visión del mundo se va reduciendo con un halo oscuro que te encierra en un punto de luz. Y ese calor. Ese calor tan placentero me asusta. Me asusta porque intento aferrarme a él y presiento que es la muerte, disfrazada, que viene a llevarme.

(el Kartero)

lunes, enero 23, 2006

A cambio de nada

Te fiarías de un stand de las Nuevas Generaciones del PP en el que repartieran preservativos? No, verdad? Seguro que pensarías de manera automática que están pinchados. Pues eso mismo es lo que me pasa con cierta gente. Gente que ni me va ni me viene, pero de la que nada bueno cabe esperar a cambio de nada. De ahí que desconfíe de sus muestras de cordialidad.

(Pinzón Azul)

Escribo

Cuando la palabra falla siempre hay un bolígrafo a mano. Por eso escribo.Porque no aguanto los límites que el hablar me impone.

(alma)

Historia de un Asedio – II

Me lo temía. El no recibir respuesta desde más allá de las murallas ha desmoralizado a mis ejércitos. El estar aquí bajo las inclemencias del tiempo esperando que bajen la bandera para entrar victoriosos en ese nuevo reino nos ha pasado factura. La decisión de parar el bombardeo ha sido mía. No quería entrar en una fortaleza donde no admitieran mi llegada. Parto pues, sin mirar atrás, no vaya a encontrar alguna excusa que prolongue mi asedio.

(Rayo, el mulo)

Amor hiperbreve

Esta es la historia de Marta y Pedro. Es una historia muy breve. Tanto que no llegaron, si quiera, a conocerse. Todo empezó y terminó el día en que, al cruzar por un paso de peatones, sus miradas coincidieron y en unas milésimas de segundo, que van desde que se vieron hasta que se perdieron, ambos contuvieron el aliento.

(el Kartero)

Bucle Infinito

El policía había estado más de tres horas analizando la escena hasta que por fin encontró una nota, la leyó fijamente durante varios minutos y cayó redondo al suelo, sus ojos ensangrentados miraban al infinito reflejando ya la muerte. Más tarde tanto su autopsia cómo la del cuerpo tumbado sobre el sofá revelarían el mismo resultado; Muerte por colapso Cerebral. La nota, muy sencilla, decía:

“Sigue todos los pasos con detenimiento.
Paso uno.- Si estás listo sigue al paso dos.
Paso dos.- Regresa al paso uno. (Puedes dejar de leer en este punto)”

He agregado el comentario entre paréntesis para eliminar la capacidad destructora del mensaje.

(Rayo, el Mulo)

sábado, enero 21, 2006

Estrategas

En la vida hay muchos desafíos que acometer, y por similares que parezcan rara vez sirven en todos las mismas técnicas. De todo se puede aprender, por supuesto, pero importante es comportarse de acuerdo con las propias convicciones y tener en cuenta las circunstancias de cada caso, sobre todo las que añaden dificultades a la deseada gesta.

(Pinzón Azul)

Mundo de sordos.

Me hierve la sangre al ver lo injusta que es la justicia, se me ensucian las manos al apoyarme tras la ventana a ver como os apalean y se me gastan las palabras cada vez que os cuento lo que siento. Es por todo eso que permanezco en mi esquina sin inmutarme no vaya a sentir deseos de salvaros y luego no sepa que hacer con vos.

(el Kartero)

Las abuelas

Asunción no exhaló un único suspiro cuando dejo su cuerpo, agotado por la vejez. Llegué a contar hasta diez. Uno por cada vida que trajo al mundo y se truncaron y así sumaron dos. Uno por la muerte de su niñez, y otro por la de su adolescencia. Por la de su esposo, por la de la vez que la dieron por muerta, por cuando perdió a su padre, por cuado falleció su madre. Por cuando se cansó de vivir y por ésta, por la de verdad, por la que se la llevó, agotada y consciente.

(Rayo, el Mulo)

viernes, enero 20, 2006

Los cuentos también envejecen (V)

Años después se supo que el juez asesinado en el bosque lo fue por intentar reabrir el caso de Caperucita. Éste había llegado a la conclusión de que la niña había orquestado todo un plan para quedarse con las propiedades de su abuelita. El lobo había perdido el control siendo presa de su instito animal al devorar a la abuela. Esto hizo que también devorase a la niña y aquí lo complicó todo. El cazador tuvo que abrirlo en canal para recuperarla lo que resucitó a la abuela también. Muerto el lobo y por miedo a ser delatada Caperucita empujó al cazador al río mientras este tiraba al lobo con su estomago cargado de piedras. Por último se dirigió a la abuela que yacía presa del pánico en el suelo y le tapó nariz y boca hasta que un último suspiro abandonó su cuerpo.

(el Kartero)

Los cuentos también envejecen (IV)

La cantidad de rencor que una persona puede guardar en su interior, se puso de manifiesto, cuando Cenicienta hubo de actuar cómo Reina Regente, tras la misteriosa muerte de su marido. La guardia de su difunto esposo pasó a su mando y con ello vinieron las primeras desapariciones. El objetivo era claro. Buscar y detener a sus hermanas y madrastra. No se escatimaron medios y la represión fue brutal.

(El Kartero)

Historia de un asedio

Hoy es el tercer día que llevo apostado ante tus almenas, lanzando sin parar, toda esta suerte de bolas de hierro. Pensaba que tras los primeros disparos al alba del día uno, sabría con certeza a que fuerzas me medía. Sin embargo la paz y el silencio que han reinado tras tus murallas me han desconcertado hasta el punto de no saber exactamente a día de hoy, porqué estoy sitiándote.

(Rayo, el Mulo)

cuando se ha dormido

Cuando escucho su respiración entrecortada sé que el sueño ha vencido y el silencio se hace imprescindible, y voy perdiendo, curiosamente, el miedo a pisar la baldosa que siempre estuvo suelta en el pasillo, la piso una y otra vez y el ruido seco que se extiende por el salón, por el cuarto de los libros, por la cocina, se detiene en la habitación donde el cachorro duerme y no se atreve a interrumpir su sueño. Ya estoy liberado del sigilo y él siempre lo estuvo de la pisada en la baldosa suelta del pasillo.

Vadecráneo

jueves, enero 19, 2006

Los cuentos también envejecen (III)

Con los años habían hecho del huso el mejor compañero de alcoba. La Bella Durmiente se pinchaba una y otra vez esperando los besos de su Príncipe Azul que de cada arremetida la hacía acercarse más y más al clímax buscado. Pero una noche, el príncipe, sin querer, también se pincho y ahora se abrazan los dos, en coma, por los tiempos de los tiempos.

(el Kartero)

miércoles, enero 18, 2006

Dulces sueños

Esta noche voy a dormir muy bien, sabiendo que mañana llegas. Pero no será ni una pequeña fracción de lo que disfrutaré la siguiente noche, cuando me deje vencer por el sueño en tu regazo.

(Pinzón Azul)

Los cuentos también envejecen (II)

Nada más llegar he visto a Gepeto apesumbrado: - Polillas. Los médicos han dicho que han sido polillas. El caso es que le han tenido que amputar la nariz. Ahora yace sedado. Temen el momento en que despierte. Su organismo no soportaría una mentira más.

(El Kartero)

Los cuentos también envejecen (I)

Hoy ha fallecido La Hormiga. Su entierro ha sido rápido y sencillo, cómo su muerte. Una pisada enorme, cómo de otro mundo, la aplastó mientras intentaba meter una miga de pan en una grieta. No se llevo nada de este mundo. Ahora La Cigarra disfruta de sus bienes. Cómo si no le sobrara el tiempo, reparte todo a diestro y a siniestro haciendo honor a sus principios; Nunca tener nada que no se pueda llevar al partir bajo una pisada.

(El Kartero)

El viento está triste

Ha sido soplar el viento y caerse la palmera. – Si sólo ha sido una brisa, le dijo éste a ella. – Te lo advertí, te dije que la próxima vez sería la última, le respondió ella.

(Rayo, el Mulo)

martes, enero 17, 2006

Urgente

Tía, yo ya no aguanto más. Y sé que lo estás deseando tanto como yo. Así que vamos a dejarnos de tonterías y pasemos a la acción. Ya. Cuanto antes mejor, no sea que a uno de los dos le vaya a dar por arrepentirse.

(Pinzón Azul)

Trabajo en equipo.

Capt. 1.
Tengo a dos de mis personalidades apostadas en el tejado. El señor que barre también soy yo. Lo delata el pinganillo en la oreja. Los que arreglan el semáforo. El que vende los cupones. La señora del carrito. El propio bebé, mi faceta más tierna. Incluso el guardia urbano. He hecho un despliegue tal, qué hoy, en el mismo instante en que cruces la puerta y pidas un taxi, yo mismo, en persona, con mi personalidad principal, iré conduciéndolo para intentar, en la carrera, seducirte con mi verbo.

Capt. 2.
Cómo iba yo a imaginarme que una vez dentro del taxi necesitaría a todos y cada uno de mis chicos para decirte simplemente: -¿A dónde la llevo, señorita?- Es más, por qué nadie fue a la iglesia a avisar a mi parte espiritual que el golpe era hoy y que necesitaríamos de su fe.

Capt. 3.
Hoy hemos enterrado a Amor, estuvo con nosotros las últimas semanas. Murió de inanición. Tristeza no ha acudido al sepelio, está cansada de tanto lamento.

(el Kartero)

Cowboy de media noche

Te voy a decir las cosas que te delatan: El brillo de tus ojos. El no tener la valentía de tomar por tomar mientras miras al infinito. El intentar hacer de cualquier minimez la razón de tu vida. El buscar, con arrogancia, un hueco. El no tener argumentos para mantener luego ese hueco. El ápice de picardía para defenderte de las embestidas que te tantean. Sin embargo, te voy a decir algo que no entiendo. Si todo lo anterior se entiende como juventud cómo es que no me veo en ti.

(el Kartero)

Paco Seis Dedos

Lo llamaban Paco Seis Dedos. No por haber sido agraciado con un índice extra, de esos que señalan a diestro; y por qué no, a siniestro. Lo llamaban así porque de pequeño le había cercenado, jugando con un hacha, el dedo a su hermano. El caso es que tampoco se llamaba Paco, o Francisco. Se llamaba Mario, como su tío, ajusticiado, tiempo atrás, en la horca por uso indebido de la guadaña. Quisieron sus padres no jugar con la providencia y ocultar tanta coincidencia. Hoy, cincuenta años después, Mario ha muerto, de viejo, en una cárcel de la península. Tras de él, treinta y ocho almas en pena.

(Rayo, el Mulo)

lunes, enero 16, 2006

Post mortem

Mi jefe era un cabrón. Y digo que lo era porque ha muerto, ayer fue su entierro. Lo que no me podía imaginar es que su hija fuera tan irresistiblemente atractiva. Cuando se dirigía a la primera fila de la iglesia no pude evitar clavarle mis ojos, sin que ella los rehuyera. Después, en el breve paseo hasta el cementerio no tuve muchos problemas para ponerme cerca de donde ella andaba. Unas pocas miradas nos bastaron para hacernos entender y que acabásemos consumando nuestro deseo común en un recóndito patio del camposanto, sobre la tumba de un ilustre ciudadano del siglo XIX, mientras los restos de su padre terminaban de ser inhumados.

(Pinzón Azul)

Enamorado

Nací y me crié en un pueblo más bien grande, lo que se suele llamar una capital comarcal. Y todos los jóvenes nos estrenábamos con la misma mujer, así se ganaba ella la vida. Al cabo de los años me he reencontrado con muchos de los amigos de entonces, y más de uno se ha lamentado de no haber tenido su primera experiencia con algunas de las muchachas que ya amaban. Visto así, yo tuve más suerte: yo estaba enamorado de la puta.

(Don Bartolo)

Pulverizando lejos de Casa

Ayer venía en el diario la muerte de varios no-names. Mueren todos los días pero hoy he querido referirme a ello. Han muerto a manos de un estado. Apenas tenían diez años y nadie se ha rasgado las vestiduras. Incluso he llegado a leer el titular “Pulverizados” para referirse al asesinato de estos niños junto a otros mayores. ¿Qué nos hemos pensado? Sólo esos padres dolidos serían capaces de hacer volar por los aires con su ira a miles de nosotros. Eso no les devolvería a sus hijos, pero ni ellos lo saben ni nosotros detenemos a los que matan en nuestro nombre.

(el Kartero)

sábado, enero 14, 2006

Quedate con mi diminutivo. Nunca me ha gustado.

¿Qué es eso de que ya no me quieres? Y qué hago yo ahora con todas estas máscaras con las que he ido disfrazando mi persona.

(el Kartero)

Encrucijada

Qué hacer? Esperar el primer rayo de sol que asome, por sutil que sea, para tomar el camino más lleno de dificultades y a la vez más prometedor? O por el contrario tomar cualquiera de las demás sendas llueva o nieve, sin saber a dónde pueden portar? Cualquier cosa excepto seguir contemplando como pasan estas nubes oscuras.

(Pinzón Azul)

.: de interés :.

Vadecráneo se incorpora, Ave Vadecráneo.

La sonrisa de la fortuna

Antonio no dejó jamás de ser un gran tipo. Le obsesionaba un único aspecto de la vida. Aquel que consiste en ser el elegido por la casualidad del universo. Y así fue, antes que nadie, antes de que llegara aquí y muy poco antes de que descubrieran aquella vacuna, que él enfermó. La gripe del pollo lo asó en cuatro días. Desde entonces es hablar del libre albedrío y bajar la cabeza para salir huyendo. No quiero que sepa de mi leve existencia.

(Rayo, el Mulo)

El deseo en el siglo XXI

Cómo en el mejor de mis sueños ha sido verte y somatizarte. La simpleza de mi deseo sexual para con tu persona no tiene límites. Lástima que en aquel local no se permitiera fumar. No se que hubiera hecho con mi ansiedad después de amarte.

(el Kartero)

Prueba superada

Tu criterio para determinar si soy digno de atravesar esa puerta es el calzado. Y el mío no te gusta, no tiene por qué hacerlo, pero sin embargo es con el que yo me encuentro más cómodo. Sabes que te digo? Que paso de estarme engañando a mí mismo, porque al final engañaría a los demás. Intentaste detenerme, pero en vano, a qué no te lo esperabas? Y es que a estas alturas no estoy yo para esa clase de tonterías. No te mereces ni un miserable céntimo del dinero que me gasté en tu triste garito.

(Pinzón Azul)

viernes, enero 13, 2006

Hiperbreve monacal

El monje cubierto de serrín, acompañado de un candil en pleno siglo XXI, purga su crisis de fé con las putas de Santiago. Solo quien administra la dote del convento se permite estas licencias, el resto, masturbación, lectura y gregoriano. Pero hay fiesta hoy y se celebra con más carne en el puchero y vino que riega la otra carne tumefacta. No hay estigmas que sorprendan al viajero, que en cerrada noche juguetea con el turno de las luciérnagas en el prado sin rocío todavía.

(Vadecráneo)

Mar, el poder del mar

Ha sido respirar su brisa y dejar de sentir el frío, notar como se me cargaban las pilas, desaparecer las molestias que tenía encima. Tan cerca que lo tengo y demasiadas veces olvido el bien que me hace.

(Pinzón Azul)

miércoles, enero 11, 2006

Extraña Sensación

Hoy tengo la extraña sensación de tener unos ojos tras la nuca pendientes de leer lo que escribo. Posiblemente sólo sea eso. Posiblemente vuelva a ser un efecto colateral de la imaginación que a veces me deja escribir y a veces me levanta y de una patada me manda a los cerros de Úbeda. Lástima que aceptara el pacto de no personabilidad de los hiperbreves. Hubiera usado éste cómo arma arrojadiza.

(el Kartero)

Guido Laremi

Desde que lo descubrí supe que Guido Laremi no iba a ser un personaje normal y corriente, y precisamente por ello tuve que dejar que pasara un tiempo antes de seguir conociéndolo. Qué curioso, igual que su amigo Mario. Y ahora que he recuperado el contacto con ambos me fascina la naturalidad con la que rompe ese muro de cristal que todos conocemos, y también como le dice a un fascista la más evidente de las verdades. También están sus contradicciones, claro, pero, a quién coño le interesan las personas que carecen de las mismas?

(Pinzón Azul)

martes, enero 10, 2006

Mensaje Institucional. Primeros 1000 accesos.

Aunque el contador fue colocado un poco después de publicar el primer hiperbreve el tiempo lo ha hecho valedero de ser el único indicativo de navegabilidad de nuestro Blog. Anoche, mientras el marcador apuntaba 996 accesos, nuestro querido compañero Pinzón Azul tuvo el honor de ser el cuarto visitante, lo que sumaba el acceso numero 1000. Luego hubo un brindis y unas risas. Todo, cómo merecía la ocasión, vía Messenger, y es que el espumoso virtual no entiende de boicots a autonomías. Es lo que tiene el ciberespacio.
Un Saludo, el Kartero.

lunes, enero 09, 2006

Tiempo de fachas

Hace ya algo que sostengo que a los fachas les gusta el mal tiempo: disfrutan con el frío y la lluvia. Y l